Hereu presenta una Barcelona acogedora con la inmigración pero "muy exigente"

Unos Juegos para cohesionar

La Vanguardia, , 15-01-2010

RAMON SUÑÉ – Barcelona

El alcalde asegura que la ilusión olímpica puede ayudar a integrar a los inmigrantes
Los Juegos de invierno del 2022 que Jordi Hereu quiere traer a Barcelona no son un fin en sí mismo ni un instrumento para intentar ganar elecciones. El día después de lanzarla al aire, el promotor de la iniciativa más sorprendente de los últimos tiempos negó ayer que su intención sea liderar una nueva transformación de la capital catalana a partir de un gran acontecimiento, algo que. a su juicio, “no tendría sentido”.

El alcalde aprovechó la conferencia sobre el estado de la ciudad, que organiza desde hace 28 años el Col · legi de Periodistes de Catalunya, para precisar que la recién iniciada aventura pretende ser un factor de cohesión social, en especial para los jóvenes que no vivieron la experiencia de Barcelona 92 y para las decenas de miles de de inmigrantes que todavía no habían llegado a la ciudad en aquellas fechas.

En el Conservatori del Liceu, y ante la mirada de muchos de los indispensables de la llamada sociedad civil catalana y de las primeras autoridades del país, encabezadas por el president José Montilla, se vio a un Hereu que renunció a los papeles para moverse por el escenario con mucha soltura. En una larga conferencia, el alcalde repasó el 2009 con la ayuda de un vídeo repleto de buenas noticias pero en el que los colaboradores de Hereu no se olvidaron de momentos críticos, como el del auge de la prostitución en el Raval. Enumeró sus prioridades para este año (la preservación del espacio público, un nuevo pacto por Ciutat Vella, la definición de otro modelo turístico que se “acomode a los valores profundos de la ciudad”…) pero dedicó la mayor parte del tiempo a explicar la “agenda de Barcelona” para la próxima década.

En el discurso de Hereu no hubo lugar para el anuncio de nuevos proyectos, seguramente porque esa cuota había quedado más que cubierta la víspera. Apostó por una ciudad que no renuncia a ser “líder en España”, con una economía diversificada, con una población trilingüe, con mucho metro y mejores conexiones (en la que “ir de Barcelona al Pirineo deje de ser un drama ”), con ámbitos urbanos totalmente renovados (Sant Andreu-Sagrera, el Besòs, Les Corts y la Zona Franca).

Hereu dibujó una ciudad responsable con el medio ambiente “por convicción” y por “interés económico” y que, al resultar “atractiva”, pueda captar talento exterior y generar más actividad. Pero, sobre todo, insistió en que hay que mantener la cohesión social. ¿Cómo? Universalizando los servicios y “evitando el fracaso en la segunda generación de la inmigración” porque no puede ser que “dentro de diez años mucha gente nos diga que no se siente identificada con esta ciudad y con este país”. El mensaje que Hereu quiso transmitir es el de que Barcelona seguirá siendo “una ciudad de acogida” y a la vez “muy exigente” con la inmigración, sin “departamentos estancos, multiculturales, que se toleran pero que se ignoran”.

Es en este contexto de agenda de ciudad en el que Hereu cree que se justifica la candidatura olímpica, porque “el deporte, como la fiesta, cohesiona”. “Nuestra agenda – sentenció-no son los Juegos, sino que son los Juegos los que ayudan a una agenda que ya camina y que no está hecha de grandes acontecimientos”. Y para demostrar que no es ingenuo, y que “olimpismo y elecciones” no tienen nada que ver, concluyó con el recuerdo de los Juegos de Pekín 2008: “Vi la inauguración con Ken Livingstone al lado. Había ganado unos Juegos (Londres 2012), pero era un ex alcalde”.

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