CRÓNICA DESDE NUEVA YORK

El nuevo arcoíris de Harlem

El Periodico, , 13-01-2010

Emilio López Romero

Fue en los años 20 cuando Carl van Vechten escribió por primera vez sobre «el paraíso de los negros». Eran los tiempos en que esa zona de la parte alta de Manhattan, donde hasta entonces predominaba lo blanco, iniciaba su lenta pero inexorable transformación hacia otras tonalidades más oscuras. Hablamos de Harlem, durante décadas el barrio afroamericano por excelencia de Nueva York, para muchos la gran capital negra de América.
Hacia la segunda mitad del siglo pasado llegaron a ser el 98% de la población. Veinte años más tarde dos tercios eran afroamericanos. Hoy van perdiendo terreno y son cuatro de cada diez. Los hispanos, que antes se concentraban en el Barrio (al este de Harlem), han aumentado un 27% en los últimos 10 años, mientras que la proporción de blancos se ha duplicado. Todo ello ha propiciado un nuevo arcoíris racial por algo de lo que se lleva tiempo hablando, la gentrificación de Harlem.
Jóvenes, profesionales y con cierto poder adquisitivo llevan tiempo huyendo de los desorbitados alquileres de otras zonas de Manhattan, desplazando a los viejos inquilinos y borrando del mapa a los que llevaban toda la vida llamándolo su hogar. Para que se hagan una idea, un apartamento de una habitación en Manhattan cuesta de media 1.800 euros. En Harlem encuentras el mismo espacio por 1.000 euros.
El resultado, cambios y transformaciones en la fisionomía de un barrio donde alguna vez estuvo el mítico Cotton Club, en el 644 de Lenux Avenue, desde cuyo escenario Duke Ellington o Louis Armstrong hicieron las delicias de un público exclusivamente blanco en los años de la Ley Seca. Dos calles más abajo, el Savoy Ballroom, que abría sus puertas a todos sin importar la tonalidad de la piel para bailar con la orquesta de Barry Goodman.
En esas salas de baile se movieron por primera vez a ritmo de swing y lindy hop, y por sus escenarios se consagraron géneros musicales como el jazz o el blues. Hoy cada domingo todavía suena el mejor góspel en sus templos. Lugar de nacimiento de Harry Belafonte, Sammy Davis Jr o Collin Powell, el rap o el baloncesto no serían lo mismo sin Puff Daddy y Kareem Abdul Jabbar, que comparten el mismo espacio donde aprendieron a caminar.
Testigo de muchas de las luchas y conquistas de la comunidad afroamericana, Harlem también fue alguna vez sinónimo de violencia. Los excesos con la heroína y el crack hicieron estragos en sus calles, esas donde Frank Lucas se ganó la fama imponiendo su ley a golpe de gatillo en los 70. También fue donde el movimiento de los derechos civiles se quedó aún más huérfano en 1965 con el asesinato de Malcolm X.
En la calle 125, una de sus arterias principales, continúa haciendo historia el Apollo, que acaba de cumplir 75 años desde que abrió sus puertas a la comunidad negra. Ahí debutaron desconocidas como Ella Fitzgerald o Billie Holiday y James Brown, Stevie Wonder o Michael Jackson hicieron sus pinitos. Las paredes donde todavía nacen estrellas y se crean leyendas. Lauryn Hill hace unos años. Alicia Keys se subió esta semana al mismo escenario.

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