Miles de musulmanes no admiten que se permita llamar «Alá» a «Dios»

Incendian tres iglesias por una protesta religiosa en Malasia

La Razón, 09-01-2010

PEKÍN – ¿Se debería permitir que los cristianos llamen a su Dios «Alá»? ¿O es una palabra reservada a los musulmanes? Esta discusión bizantina ha desatado una crisis interreligiosa en Malasia, un conflicto durante el cual han ardido ya tres iglesias a golpe de bombas incendiarias y cócteles molotov. Aunque el debate pueda parecer un asunto teórico, ha movilizado a miles de musulmanes, que protestan desde hace días en las calles de la capital, Kuala Lumpur. Se quejan de una decisión del Tribunal Supremo malayo, que acaba de revocar una prohibición dictada hace tres años según la cual sólo los musulmanes podían pronunciar la palabra «Alá» para referirse a Dios.
A lo que dicen tener miedo los islamistas malayos es al proselitismo cristiano: acusan a las iglesias de apropiarse de un vocablo que «no les pertenece» para «engañar al pueblo» y obrar más conversiones. Cierto es que en el país circulan traducciones de la Biblia y publicaciones cristianas que hablan de «Alá» cuando se refieren al Dios cristiano. Pero desde las iglesias católicas y protestantes se defienden asegurando que en los países donde predominan las lenguas arábicas llevan siglos llamando «Alá» a su Dios sin que nadie se haya quejado nunca.
El país entero ha contenido la respiración asistiendo por televisión a un brote de violencia que asusta mucho más que las discusiones teóricas que lo caldearon. Malasia es una nación realmente multicultural que hasta ahora ha sabido canalizar sus diferencias y cimentar sobre ellas una de las democracias más prósperas del Sudeste Asiático. El fuego de las iglesias pudo verse desde las plantas altas de las torres Petronas, uno de los emblemas de la arquitectura moderna y símbolo del desarrollo de este «tigre asiático». Toda la clase política, así como la mayoría de las asociaciones religiosas (incluidas las musulmanas), se han apresurado a condenar con dureza la explosión de odio.
Con un 60 por ciento de musulmanes de etnia malaya y un amplio mosaico de religiones y razas en el restante 40 por ciento, Malasia sostiene con alfileres una sociedad muy heterogénea en la que cada vez parece haber más problemas de convivencia. El radicalismo ha ganado terreno entre aquellos que exigen endurecer y extender las leyes islámicas que se filtran hasta el código penal malayo, único en el mundo y que castiga a cada uno según su religión: a los musulmanes de acuerdo a la ley de Alá y al resto de acuerdo a la que legisla el Parlamento.
En las cuestiones de proselitismo y conversión las leyes son especialmente barrocas, ya que para los ciudadanos de etnia malaya (musulmanes) está prohibido cambiar de religión, mientras que indios y chinos (budistas y cristianos) son libres de convertirse al Islam.
 

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