Los sudamericanos se hacen fruteros
Colombianos y ecuatorianos se incorporan a este sector en claro crecimientoLa apertura de nuevos locales o su contratación como dependientes se localiza en especial en Coronación y en el Casco Viejo
El Correo, , 08-01-2010Primero fueron los chinos, que coparon bazares, restaurantes y bares de toda la vida. Lo mismo hicieron magrebíes y pakistaníes con los locutorios y los kebabs. Y ahora le ha tocado el turno a los sudamericanos en la cada vez más multicultural Vitoria. El colectivo extranjero más populoso de la ciudad más de 8.000 personas según el último padrón se ha hecho ya un hueco en el pequeño comercio. En concreto, en las fruterías, un sector que ha experimentado un notable crecimiento, y que tiene como propietarios o empleados a muchos ciudadanos llegados del otro lado del Atlántico.
La búsqueda de salidas a la crisis que se resiste a abandonarnos ha forzado a este colectivo de emprendedores integrado en su inmensa mayoría por colombianos y ecuatorianos a buscar nuevas ocupaciones laborales. La construcción, en el caso de los hombres, y el trabajo en domicilios particulares, exclusivo de ellas, ha dejado paso a su incursión en las fruterías.
Esta incorporación con Coronación y el Casco Viejo como epicentro también ha acarreado la popularización de productos como la guayaba, la papaya, el mango o el maracuyá, fijos en sus estanterías, aunque todavía ignorados por la clientela autóctona.
«Mejor que en Salburua»
Media mañana en la plaza de San Martín de Abendaño, en su conflucencia con la calle Chile. Cajas con floridas piezas se apilan a lo largo de los casi cien metros cuadrados de ‘Isabella’, uno de esos nuevos locales con regusto latino. Las clientas, todas mujeres y en este caso españolas, seleccionan con esmero el género. Medio kilo de manzanas golden, un puñado de clementinas, un manojo de plátanos de Canarias… Maira Izquierdo se mueve como pez en el agua. Natural de Ecuador, cuenta con una destacada experiencia en este campo. «Llevamos más de un año aquí. Antes había regentado un negocio similar en Salburua», asegura mientras atiende a una mujer de mediana edad. «Aguantamos seis meses, pero no nos fue como queríamos. Ahora no nos quejamos. Estamos contentos».
Sin la responsabilidad del empresario, Bibiana Martínez, colombiana de Cali, atiende con una perenne sonrisa. Hace más de año y medio que trabaja como dependienta en una frutería de Siervas de Jesús. «En mi tierra teníamos un negocio familiar similar ya que mis padres son agricultores. Me gusta», revela. «Muy a gusto» en la capital alavesa, lanza un piropo a sus clientes. «Aquí se consume mucha más fruta que en mi tierra», enfatiza divertida.
Su jefe, Mariano García, regenta nada menos que cinco establecimientos de frutas, verduras y hortalizas desperdigados por toda la ciudad. Tras sus mostradores, tres empleadas llegadas del otro lado del Atlántico. «Estoy contento con ellas. En general tienen un carácter simpático, cercano al cliente», expone.
Productos lejanos
La apertura de miras, eso sí, se limita al personal. «Claro que tenemos productos de Sudamérica, aunque sólo los consumen quienes los conocen. El resto no se atreve a dar el paso aún», indica. En este sentido, la piña fruta sudamericana por excelencia se ha convertido en fija para cualquier dieta saludable. De hecho, esta planta representa el 56% de las exportaciones de fruta procedente de aquel continente.
Un par de kilómetros al Oeste, en plena Avenida de Gasteiz, María Aparecida Oliveira recibe con un ‘buenos días’ de marcado acento brasileño, su país de origen. En su caso también ejerce de dependienta. «En mi país vendía ropa y esto se asemeja mucho», confirma. Su experiencia, insiste, es positiva. «Los vitorianos son majos y educados, el que está al otro lado del mostrador lo agradece mucho», aplaude. ¿Y las frutas con mayor éxito entre la clientela? «Los limones no faltan en ninguna casa, pero la estrella sería la naranja, quizá sea por la vitamina C».
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