Quinientos años en un bautizo
Durango conmemoró ayer el medio milenio del acta bautismal más antigua que la basílica conserva
Deia, 07-01-2010DURANGO
dURANGO fue ayer ejemplo de prosperidad. De diversidad. De respeto. De hospitalidad. De solidaridad. La comunidad cristiana conmemoró los 500 años que cumplió un acta bautismal que la basílica Santa María de Uribarri conserva. Es el certificado de bautismo más antiguo que se conoce en la villa. No significa esto que la parroquia cumpla medio milenio – debe de ser más antigua – , pero sí lleva a reflexionar sobre la cantidad de niños y niñas bautizados en la villa en los últimos cinco siglos.
Para recordar aquel 6 de enero de 1510, la basílica ofició una misa solemne de acción de gracias. Antes, repicaron un total de 500 campanadas, una por cada año transcurrido. La eucaristía comenzó con el párroco, Jose Mari Kortazar, y los sacerdotes Juan Azpitarte y Juanjo More situados en el altar.
Kortazar fue sincero: “Si para una asociación, cumplir 50 años es algo muy importante, qué diremos, entonces, de estos 500 años”. Da la curiosidad de que aquel primer acta bautismal – que ayer pasó totalmente desapercibida de cara al millar de feligreses que estuvieron presentes – no se conserva íntegra y le falta el nombre de la persona a la que se bendijo. Las costumbres no son las mismas, pero se sigue bautizando. Fue el caso del pequeño Edorta.
Bautizado en una fecha señalada
Un día especial para Edorta
Y ayer fue un ejemplo de diversidad cultural, interracial, intercontinental… Edorta es un niño nacido en Zaldibar de madre y padres senegaleses; hermano de otras dos niñas y un niño. Edorta Diatta Diatta, además, tiene madrina y padrino que enriquece aún más la sociedad durangarra porque son rumanos. Ella se llama Adriana Vlad y él Jon Radu.
Kortazar llamó al padre de la criatura, el filólogo Jean Baptiste Diatta, a encender el cirio del altar. Mientras volvía a su banco y se integraba como uno más del coro local de origen africano María Nabao, se colocó una pequeña pila bautismal a pie de la feligresía. Adriana acercó al niño al agua y el párroco bautizó al pequeño en escasos segundos. Todo fue muy rápido.
Ayer fue un día de respeto. Nunca nada es perfecto, pero hubo un reconocimiento a nuevas realidades sociales, a nuevos tejidos familiares en la comunidad cristiana de Durango. No obstante, hay personas que aún merecen un tirón de orejas que a escasos minutos de comulgar tras el “podéis ir en paz”, comentaron frases impropias de cristianos como “lo que nos faltaban, tribus en nuestra iglesia”. Gracias a Dios, Edorta fue ajeno a ese tipo de opiniones, siempre denunciables.
Ayer, como a diario, Durango mantuvo su pulso vital para ser una villa hospitalaria. Por ello se pidió por los que, como la familia Diatta, vienen de lejos buscando lo mejor, “para que sigan obteniendo respeto y solidaridad”. Los presentes respondieron al párroco solicitando lo mismo.
El sacerdote durangarra Juanito Azpitarte pidió la palabra a Kortazar en un día tan señalado. Recordó que él también fue bautizado en este templo hace 81 años. Agradeció al cabildo de la época que fue a quien tuvo de modelo a la hora de querer ser sacerdote.
Rindió un sencillo homenaje a Wenceslao Mayora, Francisco Santa Marina, Francisco Apeztegia e Isaac Uribesalgo, además de al organista, Juan Olazaran. Entre tanto, se mezclaron a la perfección cantos del coro de mayoría de voces negras María Nabao y de un grupo de voces locales que cantó desde el órgano, labor de Xabier Arana. Los ritmos africanos fueron apasionantes y el Mesias Sarritan, también sublime.
Ayer fue día de solidaridad, de recordar proyectos de apoyos a otros países, a las familias desfavorecidas de la villa. Todo en una jornada de conmemoración de 500 años de un acta que además de bautismal, ha prosperado hacia la diversidad, el respeto, la hospitalidad y la solidaridad.
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