La calles de la ciudad de México sirven de refugio a indigentes extranjeros
El DF alberga a argentinos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y hasta a un ghanés
El Universal, 04-01-2010
CIUDAD DE MÉXICO.— Con la guitarra al hombro, un par de muletas que lo ayudan a caminar y sin hablar español, David, un estadounidense de 33 años, vive de la caridad de la gente que transita por el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes de la ciudad de México.
Su letrero colgado al pecho con la leyenda “Soy refugiado político” conmueve a una que otra persona que, al pasar a su lado, se apresura a sacar algunas monedas y las deposita en una pequeña y vieja caja de cartón que David sostiene entre las manos.
Este hombre es uno de los indigentes de origen extranjero que habitan en la ciudad de México y que, de acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, suman 22.
Cuenta que decidió dejar su país después de atestiguar una golpiza de agentes migratorios contra extranjeros en una cafetería en Estados Unidos.
Según el censo de indigentes de la ciudad de México, denominado “Tú también cuentas (2009)”, existen 2 mil 753 personas viviendo en la vía pública en la capital mexicana, de las cuales 2 mil 731 son mexicanos y el resto extranjeros.
En las estadísticas figuran dos argentinos, dos costarricenses, cinco guatemaltecos, cuatro hondureños, tres nicaragüenses, un panameño, dos salvadoreños, dos venezolanos y un ghanés. David no está contabilizado.
A pesar de su estado, él no se considera indigente. Según cuenta, esta “mala racha” es sólo una etapa transitoria, pues tiene estudios de gastronomía y sólo espera que las autoridades mexicanas le resuelvan su estancia en México para poder trabajar.
Arropado con un abrigo con el escudo de la California Culinary Academy y temeroso de revelar sus apellidos, David relata que lleva nueve meses en México con estancia legal y que no tiene la intención de regresar a su país. Espera que en un futuro ningún familiar lo reclame.
Los indigentes extranjeros son difíciles de rastrear en las calles de la mayor urbe de América Latina, con sus nueve millones de habitantes.
Algunos casos aparecen de vez en cuando en la prensa. Otros sólo forman parte de las cifras anónimas de las autoridades capitalinas.
De Alemania y de Japón
Un mujer alemana de 65 años vivió durante cuatro años en un parque de la colonia Roma, hasta que su historia salió en los periódicos y fue repatriada al lado de su familia.
Margaret Schilke, que padecía esquizofrenia, había sido prácticamente adoptada por los vecinos de ese céntrico barrio, quienes la ayudaban y la veían como parte del lugar, hasta que un reportaje sobre esta mujer hizo que la embajada de Alemania buscara a su familia.
Otra situación fuera de lo común fue el caso del japonés Hirosi Nohara, quien durante una escala en México perdió el pasaporte y ya no pudo abordar el avión que lo llevaría a su destino.
Tras haber recuperado su documentación, Nohara permaneció por voluntad propia en el aeropuerto internacional de Ciudad de México 117 días. Contaba con un boleto abierto para viajar a su país de origen, pero se quiso quedar.
Durante su estancia en la terminal aérea, el japonés se alimentó en al aérea de comida rápida y se aseaba en los servicios públicos del aeropuerto, hasta que una mujer le ofreció hospedarlo en su casa y se lo llevó.
Sentado en una banca de Reforma, David espera que cambie su suerte. “Estoy contento aquí, he recuperado mi tranquilidad y aunque no tengo una situación económica ostentosa, sé que aquí puedo salir adelante”, dice. (DPA)
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