Pandilleros acechan a indocumentados 

Prensa Libre, 31-12-2009

“Hasta hace poco, los migrantes huían de la pobreza de sus países, pero ahora se agrega la persecución que sufren por parte de pandilleros, quienes, con impunidad, los intimidan, extorsionan y matan”, expuso el sacerdote Francisco Pellizari, quien llegó recientemente al país, luego de haber dirigido durante cuatro años el albergue de la Red Casa del Migrante, en Nuevo Laredo, México.

El religioso explicó que las pandillas exigen dinero a los residentes de barrios y colonias, y si estos no lo tienen, deben salir del vecindario, o los pandilleros los matan a ellos y a sus familiares.

Señaló que, aparte de la pobreza, otra causa de la inmigración es el reencuentro familiar, pues los ya radicados en EE. UU. intentan llevar con ellos a su pareja, hijos u otros familiares, aunque tengan que hacerlo de la misma manera en que ellos llegaron: sin documentos.

Pellizari refirió que el tránsito por el territorio mexicano no es fácil, ya que operan bandas organizadas que secuestran a los migrantes para exigir rescate a sus familiares que los esperan en EE. UU. o a los que se encuentran en su país de origen.

“Tras el pago del rescate, los afectados son dejados abandonados en México, por lo que muchos buscan ayuda en los albergues de la Casa del Migrante”, relató el sacerdote escalabriniano, cuya congregación se dedica a asistir con comida y techo a los indocumentados en todo el mundo.

Explicó que uno de los mayores obstáculos son las autoridades mexicanas, que los repatrian o les roban. Según Pellizari, los indocumentados son víctimas del Ejército mexicano, la Policía Federal de Caminos, los agentes estatales y municipales y los garroteros, como les llaman a los guardias de las vías donde transitan los trenes que usan los migrantes para trasladarse a la frontera estadounidense. “Los garroteros paran el tren de manera antojadiza, bajan a los ilegales y les quitan dinero y objetos de valor”, comentó.

El religioso considera que las policías municipales son las más temidas, pues conocen del movimiento de los migrantes en los pueblos que patrullan. “Saben a dónde llegan y qué lugares frecuentan para comer, dormir o reunirse”, expuso.

Pellizari señaló que el éxodo centroamericano no ha podido frenarse por la crisis financiera internacional ni por el muro que construyó el gobierno estadounidense en la frontera con México.

Agregó que se redujo el flujo, pues disminuyeron las fuentes de trabajo en EE. UU., mientras que las autoridades adquirieron más control, pero no han podido detener la migración. “Hasta hace unos años, al albergue de Nuevo Laredo llegaban de 40 a 50 personas por día, y ahora llegan menos, pero el número no baja de 25 diarias”, expresó.

El sacerdote opinó que el muro generó más corrupción entre las autoridades estadounidenses, lo cual aprovechan los traficantes de personas, pero perjudica a los migrantes, que deben invertir más esfuerzo y dinero.

El religioso dijo que el flujo más fuerte de centroamericanos hacia EE. UU. es de hondureños. “Siguen los guatemaltecos y los salvadoreños”, afirmó.

Comentó que a los albergues no asisten muchas mujeres. “El albergue de Nuevo Laredo tiene capacidad para 120 personas, pero solo unas 20 camas son utilizadas por mujeres”, informó. Añadió que los migrantes cuentan que muchas mujeres son secuestradas, lo que es, en síntesis, una expresión del drama de los indocumentados.

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