Auschwitz, memoria intocable
La Vanguardia, , 24-12-2009ARBEIT macht frei". El trabajo os hará libres. Así reza el rótulo de hierro forjado y cinco metros de longitud dispuesto sobre la entrada del campo de concentración de Auschwitz-1. Un recinto que simboliza como pocos los horrores del regimen nazi, del mismo modo que dicho rótulo simboliza el campo, situado a unos 60 kilómetros al oeste de Cracovia, en el sur de Polonia.
Este letrero suma a la vesanía de la llamada “solución final” – la aniquilación de judíos, gitanos, homosexuales, prisioneros de guerra, elementos antisociales y demás, sin otra falta que su origen o condición-el sarcasmo que suponía anunciar a los reclusos una libertad que sus captores no tenían la menor intención de devolverles: no se trataba de redimirlos mediante el trabajo, sino de obligarlos a realizarlo hasta la extenuación, privándolos de alimento y exponiéndolos a los rigores del clima, para así propiciar su muerte.
Por tales razones, la sustracción el viernes del característico rótulo que corona la puerta de Auschwitz-1 levantó una oleada de indignación, en Polonia y en otros países. Tanto fue así que la policía polaca se empleó con el mayor celo en las tareas de recuperación, y logró culminarlas en el breve plazo de tres días, al hallar el rótulo en el pueblo de Czernikowo, 200 kilómetros al norte de Varsovia, y detener a cinco personas. Según la policía, el robo lo habría encargado alguien residente fuera de Polonia, quizás un coleccionista de objetos del nazismo.
En el complejo de Auschwitz-Birkenau (integrado por tres grandes campos de concentración y exterminio, entre ellos el de Auschwitz-1, y también por otros 39 campos subalternos) fueron asesinadas más de un millón de personas, víctimas de las políticas racistas y sexistas del Tercer Reich. En muy poco tiempo, apenas cinco años, entre mayo de 1940 y enero de 1945. Aquel genocidio masivo no debe ser olvidado por nadie nunca. La conservación de Auschwitz en su estado original, con sus barracones y cada una de sus lúgubres instalaciones, incluida la referida inscripción de hierro, es más que pertinente y no obedece a un capricho. Ni tampoco a una exigencia de la Unesco, organismo que en 1979 declaró el campo patrimonio de la humanidad. Responde ante todo, al igual que el Museo sobre el Holocausto ahora instalado en el interior del recinto, a un deseo ampliamente compartido de mantener Auschwitz-1 como el recordatorio imborrable e intocable del horror en el que puede abismarse el ser humano; como un aviso y un freno ante cualquier nueva tentación totalitaria.
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