La avaricia de Madrid no rompe el saco

El Correo, D. ROLDÁN / A. PANIAGUA, 23-12-2009

Madrid se lo quedó todo, en plan abusón. No quiso repartir ni una pizquita de su mucha suerte. Este año era el de los madrileños, que se quedaron sin Juegos Olímpicos pero ahora son millonarios. Cosas de la vida. Los dos primeros premios cayeron de golpe en la Comunidad de Madrid. El Gordo, el 78.294, se vendió en la administración 146, situada en la calle Bravo Murillo, que repartió tres millones por serie; otros dos millones por serie se apuntó la administración número 10 de Getafe con el 53.152, segundo premio. Además, ésta hizo doblete gracias a un quinto (51.972) que también vendió enterito en ventanilla.

Fueron tres minutos de infarto. Entre las 11.38 y las 11.41 horas. Hasta ese momento, los dos grandes sesteaban en el bombo de los premios. Pero llegaron Alicia y Yahaira y revolucionaron el salón de Loterías al sacar las dos bolas más esperadas.

El más grande fue el más rápido, y enfiló hacia uno de los barrios más castizos de Madrid, el de Tetuán, que ha sufrido un cambio brutal en los últimos diez años: de hábitat de la clase media a convertirse en una zona de arraigo para los inmigrantes sudamericanos. ‘Nuevo Quito’ o ‘Caribe madrileño’ son algunos de los nombres de esta bulliciosa zona, llena de pequeños comercios en torno al tradicional mercado de Maravillas. En este cogollo estalló la alegría para la clase trabajadora y para los empleados de Viajes Marsans, que no vive sus mejores momentos por culpa de Air Comet.

Visitación Mayordomo, propietaria de una tienda de muebles en la calle Bravo Murillo, es una de las cortejadas por el 78.294. Visitación compró en la administración 146 un décimo que le revertirá 300.000 euros. «Lo destinaré a pagar la hipoteca y a ayudar a los pobres». Acompañada de sus dos hijas, Mayordomo se fundió en un abrazo con la lotera, quien convino en que «ya era hora» que la suerte llamara a su puerta. «Estoy llorando como una imbécil», decía entre lágrimas.

Con la sorpresa todavía en el cuerpo, Antonio Bonet salía de su administración para atender a los periodistas. «Aquí han comprado inmigrantes de varias nacionalidades. Se ha repartido bastante bien», se congratuló el lotero. El número agasajado por la suerte estuvo hasta la misma víspera en la ventanilla de la administración dispuesto para ser vendido. «Hasta última hora estuvo colgado», admitió el lotero.

«El trabajo dignifica»

La suerte quiso que Rafael, un inmigrante dominicano, acudiera a última hora del lunes a comprar el décimo premiado. Al filo de las ocho de la tarde, poco antes de que se cerrara la ventanilla, se hacía con el 78.294. «No elegí el número, sino que me lo dio Antonio. Supongo que habrá sido, como dicen aquí, la suerte del lotero», comentó entre risas. A pesar de que no había transcurrido ni una hora desde el sorteo, a este treintañero ya le había dado tiempo de pensar en qué empleará el dinero. Un décimo, a razón de 300.000 euros, que le ayudará a «tapar agujeros» y, «si Dios quiere», montar su propio negocio. Lo que de momento no se plantea es dejar su trabajo de informático. «No, eso no lo pienso porque creo que el trabajo dignifica al hombre», expresó.

Al ritmo de un cuentagotas, los premiados, como Rafael, se acercaron a festejar su fortuna, aunque apenas superaron la decena de personas. Los más comprobaban su décimo en silencio y salían a la carrera en cuanto confirmaban su número.

Los bancos quisieron hacer su particular ‘agosto’ con los agraciados. Con las manos llenas de tarjetas, sus agentes se presentaban a los agraciados para convencerlos de que depositaran el premio en sus manos. El agasajo era seguido con curiosidad entre los viandantes, y no faltaron comentarios maliciosos sobre esta ‘caza’.

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