Crónica de un suceso anunciado

Diario de noticias de Gipuzkoa, 18-12-2009

Ahora que se habla tanto de las buenas relaciones entre países para que éstas fructifiquen, hay que respetarse mutuamente, y esto es precisamente lo que no hace Marruecos con España, a la cual se permite el lujo de amenazar.

Pienso que España es culpable de lo que sucede en el Sáhara Occidental, no sólo por el asunto de la falta de documentación de Aminetu, sino por el escaso apoyo que últimamente le damos. Este sustancial cambio ha endurecido las posiciones del rey marroquí hasta el punto de saltarse todos los derechos humanos, pues en un territorio en proceso de descolonización no se puede obrar de esta manera.

También, desgraciadamente, es conveniente nombrar aquí el respaldo que siente el monarca marroquí de los gobiernos de Francia y Estados Unidos, que por distintos intereses, tanto estratégicos como económicos, siguen la estela de este oscuro rey. Aquí recordar la reunión de un alto mandatario norteamericano con el señor Cortina, en el año 1974 en el aeropuerto de Torrejón, donde el primero le dijo al español que Hassan II quería el Sáhara y el Sr. Cortina le respondió que no podíamos dejar tirados a los saharauis, por lo que las órdenes de entrega del Sáhara llegaron desde Estados Unidos.

Creo que Europa debe ayudar más a España con el problema de la emigración y también que al pueblo hay que decirle la verdad, que no es otra que España, por distintos intereses, se ha olvidado de la justicia, de su pasado y del pueblo saharaui, pero a ella le corresponde, por ser el país que realizó la desastrosa descolonización, trabajar con ahínco y sin descanso en alcanzar una solución, puesto que aparte de Aminetu y de los saharauis que viven en la zona ocupada, hay otros 200.000 que malviven en el desierto.

A Obama, premio Nobel de la paz, le corresponde como mínimo decirle claramente al rey marroquí que deje de violar los derechos humanos y a Marruecos le corresponde entender que España, como país colonizador, tiene unos deberes que no puede olvidar.

Confiemos que, aunque la situación para esta defensora saharaui de los derechos humanos, que tantos años ha pasado en las cárceles marroquíes, es crítica, se resuelva satisfactoriamente porque pienso que en ello va un poco de nuestra dignidad. Esperemos igualmente que España nunca más vuelva a deportar a ningún indocumentado a cualquier país, como Marruecos, donde los derechos humanos brillan por su ausencia .

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