Oportuno relato del benedictino P.-F. de Béthune sobre identidad y acogida en pleno debate sobre minaretes y cruces
Hospitalidad es la clave
La Vanguardia, , 13-12-2009ORIOL DOMINGO – Barcelona
El monje benedictino Pierre-François de Béthune, secretario general del Diálogo Interreligioso Monástico, personifica el encuentro entre concepciones culturales diversas como el catolicismo y el budismo zen. Relata su experiencia en el libro La hospitalidad sagrada entre las religiones (Herder), con prefacio de Raimon Panikkar. Este relato sobre identidad y acogida es oportuno en estos tiempos de globalización, migraciones y en pleno debate sobre minaretes y cruces. La hospitalidad es clave en las relaciones humanas, de los pueblos y de las confesiones religiosas.
La ceremonia del té.
P.-F. de Béthune ha presentado su obra en una ceremonia del té en el monasterio de Sant Pere de les Puel-les. Estaba acompañado por la traductora del original francés, la monja benedictina Rosa M. ª de la Parra, una aragonesa feliz de encontrarse en un monasterio aperturista catalán. La ceremonia del té refleja y proporciona hospitalidad. También cordialidad y serenidad. El ritual es preciso. Los gestos son sencillos. Cita al laico Sen no Rikyu (1521-1591): “El verdadero té está preparado con el agua sacada del fondo del corazón, el cual es insondable”. El encuentro transcurre en un clima de libertad y silencio entre el anfitrión y sus invitados. Escuchan el sonido de los objetos de bambú o cerámica y el zumbido del agua que hierve en el hervidor. “Las grandes convicciones – comenta-no se comunican con afirmaciones, sino más bien por medio de una cuidadosa presencia mutua”.
Acogida transformadora.
El monje católico relata su encuentro con sus “amigos budistas”. Le acogieron en su casa y pusieron a su disposición lo mejor que tenían. “Su acogida – confiesa-me transformó, no haciendo de mi un budista, sino enseñándome a redescubrir en el Evangelio las fuerzas de acogida que estaban poco desarrolladas en mi persona. He comprendido que la hospitalidad recibida suscita en mí, a su vez, el gusto de ofrecerla y he intentado responder a esta invitación en nombre de Jesucristo, ofreciendo la hospitalidad de mi corazón y mis espacios de vida a creyentes de otras religiones”.
Dios es el extranjero.
El relato de P.-F. de Béthune es hoy oportuno. Sostiene que la hospitalidad es el entorno natural del diálogo, el medio que humaniza el encuentro con el extranjero. Escribe: “Dios, ¿no es el Extranjero misterioso que viene a visitarnos? El viajero extranjero que llega de improviso y, no se sabe cómo, participa de algunos atributos de Dios”.
Todo ser humano es sagrado.
P.-F. de Béthune da un paso más. “Por todas las partes del mundo, la acogida del forastero es una exigencia incondicional, un deber sagrado. Si la hospitalidad es de modo universal respetada, ¿no es simplemente porque reconoce con claridad el carácter sagrado del ser humano? (…) Si la hospitalidad es sagrada es porque todo hombre es sagrado”.
Juicio final definitivo.
El monje alude a las numerosas recomendaciones de Jesús de manera que la acogida y la hospitalidad son asuntos clave en el Evangelio. Su carácter es definitivo. Jesús anuncia a sus discípulos que “en el último día, los hombres serán juzgados por la disponibilidad en socorrer las necesidades de los hermanos y hermanas, y en particular al extranjero (…) Venid, benditos de mi Padre porque era forastero y me hospedasteis”. Y para concluir su relato, confiesa: “No se encuentra la verdad más que practicando la hospitalidad. Todavía necesitaré practicar mucho la hospitalidad a fin de descubrir la verdad del Evangelio para nuestro tiempo”.
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