austria de viena 0 - ATHLETIC 3

El Athletic se agranda en Viena

El Correo, JON AGIRIANO, 04-12-2009

Con una brillante lección de madurez y carácter en un estadio convertido en un monumento a la vergüenza, el Athletic selló su pase a los dieciseisavos de final de la UEFA League. Se podría decir que la de ayer fue una noche grande para los rojiblancos y una noche negra para el Austria de Viena en particular y el fútbol en general. Los pupilos de Karl Daxbacher demostraron ser un equipo vulgar que no dejó de encogerse durante los noventa minutos. El Athletic le zarandeó a su antojo en la segunda parte, en plena tremolina. Si no le metió cinco fue porque Llorente no tuvo el día muy atinado, aunque sus dos goles parezcan indicar justo lo contrario. En cuanto al fútbol como deporte de masas, no es exagerado decir que ayer padeció en la capital austriaca una de las mayores vergüenzas que se han visto en Europa en los últimos años. Quién les iba a decir a los aficionados del Athletic que en la maravillosa ciudad de los palacios, los valses y la tarta de Sacher se iban a encontrar con un vertedero humano que les amargaría la victoria de su equipo.
Lo ocurrido dos suspensiones, una de ellas de 25 minutos, por lanzamientos de bengalas e invasión del campo tampoco puede extrañar habida cuenta del tipo de escoria que se reunió en uno de los fondos del Frank Horr Stadion. Se trataba de escoria nazi de la mejor calidad. Lo peor del paisaje humano de Austria, Alemania, Italia, Bulgaria y España tuvo la ocurrencia de celebrar una convención en Viena aprovechando el partido del Athletic. Que acabaran dando un espectáculo bochornoso y estuvieran a punto de que se suspendiera el partido era, por tanto, algo perfectamente posible. Con esta gentuza siempre hay que esperar lo peor.
Un paso adelante
El Athletic, sin embargo, supo sobreponerse a todo y dio un gran paso adelante en su proceso de blindaje. Salta a la vista que los de Caparrós son cada vez un grupo más sólido y competitivo. Del fondo de la plantilla ha surgido en las últimas semanas una fuerza interior que abarca a todos sus integrantes. Es una cuestión que no tiene que ver estrictamente con el juego. Es una cuestión moral. Hay buen rollo, dinamismo y ambición. Esta energía positiva la sienten, a estas alturas, todos los jugadores, incluidos los que han interpretado un papel menos grato hasta la fecha.
Es el caso de Mikel San José. El central navarro, una de las incorporaciones más flamantes del verano, llevaba cinco meses metido en la mazmorra. A pan y agua. No contaba para nada y nadie, salvo el entrenador, sabía muy bien por qué. Ayer fue titular porque una lesión apartó a Ustaritz del once a última hora. Pues bien, Mikel San José no olvidará nunca el Frank Horr Stadion. Dentro de unos años, cuando eche la vista atrás y se reboce un poco de nostalgia, recordará sin duda las bengalas, los gritos y el aliento maléfico de los neonazis, pero no tardará en apartar esas visiones y concentrarse en la pura alegría de su noche más feliz: el tremendo cabezazo al larguero del que llegó el 0-1, obra de Llorente, y, sobre todo, la extraordinaria volea con la que, sin mucho ángulo, rompió la portería del Austria de Viena. Seguramente, tampoco olvidará el abrazo que le brindó su amigo de siempre, Ander Iturraspe, que también fue titular ayer, cosa rara, y demostró que puede ser un medio centro de largo recorrido en el Athletic.
El buen toque
La autoridad del equipo de Caparrós, al que volvió Iker Muniain, fue calando en el partido hasta imponerse con rotundidad tras el descanso. Desde el pitido inicial, el Austria de Viena demostró una debilidad y una falta de carácter que convertían en incomprensible la estadística que más temía la expedición rojiblanca: la de los nueve años que los vieneses llevaban sin perder en su estadio en competición europea. En ningún momento pareció temible el Austria, siempre metido dentro del caparazón, a la espera de alguna contra de Diabang, de algún disparo de fuera del área de Junozovic o de algún truco de Acimovic, su futbolista de más talento. Es cierto que la primera mitad estuvo bastante equilibrada y que la ventaja del Athletic se debió, en realidad, a un regalo del linier, que no vio un fuera de juego flagrante de Javi Martínez. Y eso que lo cometió delante suyo. Ahora bien, nada más comenzar la segunda parte el Athletic se agrandó, comenzando a tocar el balón con mucho sentido.
El paisaje del partido dio entonces un cambio radical. ¡Hay que ver la capacidad devastadora que tiene el buen toque de balón, el buen criterio! Con Yeste dando una lección de pausa y sus compañeros buscándose y asociándose, los rojiblancos gobernaron el duelo a su antojo y estuvieron cerca de hacer un estropicio a los centroeuropeos, que no levantaron cabeza. Entre su poco juego y el bochorno que les cayó de la grada, no estaban para nada. Ni siquiera para hacer el gol de la honrilla a un Athletic muy superior que ayer sólo tuvo que lamentar la lesión de Carlos Gurpegui. Todo lo demás fue positivo, sobre todo el saber estar del equipo para soportar con frialdad los parones y un ambiente nauseabundo de violencia que no debería volver a verse nunca en un campo de fútbol.

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