Análisis
La paradoja del alminar
La Vanguardia, , 02-12-2009La esbelta silueta de los minaretes prohibidos, vetados por los suizos en referéndum el pasado domingo, amenaza con desatar la indignación musulmana en el mundo, y entraña gran riesgo para la reputación helvética en materia de derechos humanos y libertad de culto. El 57,7% de los suizos votó a favor de la prohibición.
Pero esa discutible consulta popular, envuelta en brumas de populismo, islamofobia y mucho miedo al exterior, encarna además en fe ajena una de las mayores inquietudes del pontificado de Benedicto XVI, esto es, la expresión pública de la fe religiosa en la sociedad occidental.
Desde su elección como Pontífice en el 2005, Joseph Ratzinger fustiga la secularización y el laicismo en Europa. El Papa y los obispos llevan años acusando a gobiernos del continente – entre ellos el socialista español-de urdir leyes tendentes a expulsar a Dios de la esfera pública, y a conferir a la religión el estatus de vivencia privada.
La consulta en Suiza no prohíbe ir a orar a las mezquitas a los 400.000 musulmanes del país, pero sí alzar nuevos alminares. La Iglesia católica, que durante años vio con desazón las mezquitas en territorio históricamente suyo,percibe ahora como propia la afrenta a los fieles del islam. Esa paradoja se vivió también cuando la laica Francia tomó medidas contra el velo.
“La batalla contra los minaretes es como la batalla contra los crucifijos; la religión no puede ser un hecho privado”, dijo el secretario general de la Conferencia Episcopal Suiza, Felix Gmür, a Radio Vaticano. Gmür aludía a una reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que consideró que el crucifijo en la escuela pública italiana vulnera la libertad religiosa de los alumnos.
En Suiza, los propios obispos se duelen por un resultado que, a su juicio, “aumentará los problemas de cohabitación entre religiones y culturas”. Y en la secretaría de Estado vaticana cunde el temor a que los grandes perjudicados sean los cristianos de países islámicos, que viven ya con libertad religiosa mermada.
Durante años, los prelados europeos invocaron en mayor o menor grado el concepto de reciprocidad, resistiéndose a aceptar el reconocimiento de derechos religiosos a la minoría musulmana, mientras esos mismos derechos no fueran concedidos a los cristianos en países musulmanes. Ahora, la palabra reciprocidad va cayendo en desuso.
Para las gentes laicas juiciosas, y para muchos gobiernos europeos, lo ocurrido en Suiza es alarmante. El mero hecho de que un aspecto relativo a la libertad religiosa de una minoría sea sometido a referéndum – instrumento que busca el parecer de la mayoría-resulta discutible; y laONU ve “claramente discriminatorio” el resultado.
Falta calibrar hasta qué punto esas sensatas consideraciones están animadas por una sincera preocupación por la libertad de credo, o si obedecen más bien al recuerdo de las nefastas consecuencias de pasados tropiezos occidentales al abordar el alma islámica. Las caricaturas de Mahoma en la prensa danesa o la polémica cita erudita de Benedicto XVI en Ratisbona levantaron oleadas de ira que nadie quiere volver a ver.
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