ARTÍCULOS DE OPINIÓN

Islamofobia

Diario Vasco, ABDUL HAQQ SALABERRIA | DELEGADO EN EUSKADI DE LA FUNDACIÓN EUROPEAN MUSLIM UNION, 02-12-2009

El sociólogo estadounidense Robert K. Merton recuperó la tesis de W.I. Thomas, que afirmaba un teorema básico para las ciencias sociales: «Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales sus consecuencias». Cree Merton que es así porque los seres humanos no sólo responden a los datos objetivos, sino, y tal vez primordialmente, al sentido que la situación tiene para ellos. Por eso, una vez que han atribuido un sentido, la conducta subsiguiente resulta determinada por aquel sentido. Suiza ha sido siempre un ejemplo de civilización, neutralidad y democracia.
Algo está cambiando en el corazón de Europa cuando sus ciudadanos son capaces de prohibir mediante referéndum un símbolo arquitectónico religioso. En Suiza sólo existen 4 minaretes desprovistos de su capacidad funcional ya que no se llama a la oración en ellos porque otra normativa de prevención de molestias sonoras lo prohibía. ¿Silencia esa misma norma las campanas de las iglesias?
De los 400.000 musulmanes allí censados, ignoro cómo, casi un 12% son ciudadanos suizos de pleno derecho. La comunidad musulmana representa el 4,3% de una población que a partir de mañana no podrá expresar sus creencias con libertad. Los minaretes, esas amenazadoras lanzas del islamismo radical, son al parecer más peligrosos que misiles, ametralladoras o minas antipersona, ya que los mismos ciudadanos que han prohibido ese símbolo decorativo e inútil de los musulmanes han rechazado otra iniciativa para prohibir la exportación de armamento, lanzada por grupos pacifistas y de izquierda. Con un 68% de los votos a nivel federal, y de manera unánime por todos los cantones, el texto ha sido tumbado sin paliativos.
Mensaje recibido: armas sí, musulmanes no. Se nos olvida que Suiza es el paraíso fiscal por excelencia, una isla tropical rodeada de preciosas montañas de dinero que ha burlado la incapacidad del honrado ciudadano medio de eludir sus responsabilidades sociales. ¿Se podría plantear un referéndum para que se acabe con los paraísos fiscales, el secreto bancario, la impunidad del sistema financiero internacional? ¡Qué ingenuidad!
En Sevilla se plantearon un referéndum para ver si se permitía la construcción, no de un minarete, sino de toda una mezquita. ¿Y por qué no proponer directamente un referéndum para ver si es legal o no ser musulmán? El de Suiza representa el colmo de la sinrazón política europea. Como ‘la profecía que se cumple a sí misma’, la islamofobia no hace sino agitar el fundamentalismo radical islamista sirviéndole en bandeja una argumentación inapelable: «No nos quieren allí, nos tratan como escoria, su democracia y libertad son pura hipocresía».
Pero no hace falta ir a columpiarse con Heidi para que a uno se le ponga la piel de gallina. Recientemente un ciudadano vasco, que ha sufrido una agresión con arma blanca supuestamente por besar a su compañero sentimental, ilustraba cómo andamos de ‘profecías’. Pese a reconocer que «si le viera otra vez, posiblemente no le reconocería» porque sólo tenía grabada la expresión de su cara, «absolutamente de odio», afirmaba con rotundidad conocer el origen del agresor: «Las facciones eran de un hombre de origen árabe». Remataba afirmando que pudiera no ser una agresión homófoba, ya que «le podría haber pasado a cualquiera: porque no lleves velo o porque un niño coma un bocadillo de chorizo». Finalmente reflexionaba: «Es injusto meter a todas las personas de una religión en el mismo saco, pero siento que no puedo salir a la calle, que están por todas partes y te pueden atacar en cualquier momento. Esto clama al cielo. Y no me considero racista. ¿Cómo podría serlo si allegados míos tienen otra nacionalidad? En este caso, él fue el racista».
Que la víctima de un peligroso fanático se exprese de ese modo es comprensible. Pero que la sociedad tome por verdaderas estas afirmaciones y las haga suyas a través de los catalizadores políticos significa el suicidio de la democracia y la libertad en Europa.

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