Sucesos

Sueños truncados

Deia, 28-11-2009

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Bilbao


desde los ocho años, Kadero pedía visados para estudiar en París, donde vive su tía, que siempre le denegaban", explica Iris Sanmartín, amiga de la familia del joven argelino de 19 años que se ahogó en la ría de Bilbao cuando una pareja de ertzainas quiso identificarle, creyendo en un primer momento que era sospechoso de un robo con intimidación ocurrido el 7 de noviembre. Diez días después, cuando recuperaron el cuerpo del agua, la Ertzaintza rectificó y explicó a los medios de comunicación que la víctima no era sospechosa de ningún delito, y que no tenía antecedentes policiales.


“A su tía le han dicho que probablemente no se tiró al agua, sino que cayó desde las escaleras que bajan a la ría, donde se había escondido de la Policía. Yo también hubiera corrido y me habría escondido. Al parecer, los ertzainas le perseguían con las porras en el aire. Por eso digo que Kadero no murió por una caída, murió por pánico”, agrega Sanmartín.


Esta joven sabe lo que es sentir en su piel el racismo candente de la sociedad vasca. Es bilbaina, nacida en Cruces, pero se ha casado con un argelino. “Mi madre no acepta a mi marido, nos resulta complicadísimo alquilar un piso y cuando entramos en el supermercado, los vigilantes nos siguen pensando que vamos a robar”.


“Lo peor de todo”, continúa, “es como me hicieron sentir los ertzainas. Me hicieron llorar. Creo que se pensaban que nadie denunciaría la desaparición de Kadero, que nadie le buscaría, para ellos era un árabe más que viene a robar”. Ella es “consciente de lo que hay”. “Sé que muchos roban, pero él no era uno de ellos y, aunque lo fuera, todos merecemos un respeto”, recuerda.


Kadero provenía de una “familia bien posicionada” del barrio de Site – Piti de la ciudad argelina de Oran. “Su casa está enfrente de la de la familia de mi marido. El chaval no tenía necesidad de emigrar a Europa. Sus padres no querían que lo hiciera, por eso se fue en patera con sus amigos sin decirles nada. Les llamó cuando llegó a Almería. También llamó a su tía y a mi marido. La primera noche en Bilbao, hace casi dos meses, la pasó con nosotros”.


“Al día siguiente, a las siete de la mañana, se levantó para apuntarse a clases de español para adultos en el barrio de Deusto y empezó a buscarse la vida. Ojalá no lo hubiera hecho, ojalá se hubiera quedado con nosotros, en nuestra casa. Ahora seguiría vivo”, lamenta Sanmartín. Al parecer, Kadero pasó las noches siguientes en casa de unos chicos también árabes a los que había conocido días antes y otras noches durmiendo en la calle.


Pero Sanmartín insiste: “No había robado, no tenía esa necesidad. Había llegado con dinero y en su bolsillo de la camisa encontraron un Corán. Era la noche del viernes y el viernes es el día santo para los musulmanes. Ya sé que eso no significa mucho para algunos, pero si hubiera salido a robar, habría dejado el Corán en casa”.


La tía del joven, que es doctora y trabaja en París, vino a Bilbao a recoger el cadáver y encargarse de los trámites. “Abonó 3.500 euros por el pasaje del ataúd hasta Argel”, apunta Sanmartín. El pasado sábado recibió sepultura en su pueblo natal, rodeado de su familia.

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