Nader y Diana Mahmoud . Estados Unidos
"La calle está llena de vida"
La Vanguardia, , 23-11-2009A Nader y Diana Mahmoud, un matrimonio estadounidense que se instaló en Barcelona el pasado verano, les maravilla ver tanta gente por la calle a horas tardías, niños incluidos. Viven a tres manzanas del paseo de Gràcia. “Los domingos, cuando salimos a pasear, vemos grupos grandes, se nota que hay abuelos, padres e hijos, que la familia aún cuenta”, diagnostican. Nader Mahmoud, de 38 años, egipcio de nacimiento, y su esposa Diana, de 41, norteamericana con raíces griegas e inglesas, se mudaron a Barcelona desde la localidad alemana de Bad Dürkheim, donde residían desde finales del 2007.
“La cultura aquí es de exterior, quizá sea esa la causa del ruido”, dice él. “Todo es sonoro, es una sociedad que se acuesta tarde; es increíble ver lo llena de vida que está la calle en nuestro barrio un sábado de madrugada”, dice ella. No tienen hijos, pero alaban el trato que se da al universo infantil. “En Estados Unidos hay un horario rígido para enviar a los niños a la cama – arguye Diana-,y aquí se ven niños en la calle a las once de la noche. Esta es una sociedad amable con los niños”.
Para ella, que trabajó durante 24 años y aparcó su carrera profesional en el sector informático al casarse y dejar Estados Unidos, emprender la aventura europea ha supuesto convertirse en ama de casa. “Te sientes superada por los detalles de la vida cotidiana, y si la empresa encarga a alguien supervisar la logística, eso te permite prepararte emocional y mentalmente para disfrutar de la experiencia cultural”, explica.
La pareja valora mucho el hecho de que la empresa química donde él trabaja incluyera a la esposa en el seminario de formación intercultural. “Afin de cuentas, no soy una empleada”, concede Diana Mahmoud, pero las empresas se van percatando de que la adaptación al nuevo país del cónyuge del desplazado es fundamental para que la cosa funcione. Hubo, con todo, un reparto temático: a Nader se le dio más formación sobre cómo abordar el ambiente de trabajo, y a Diana sobre cómo afrontar la vida cotidiana. Así, por ejemplo, ella fue advertida de algo que luego, efectivamente, le ocurrió. “Mañana no siempre significa mañana – bromea-.Te dicen: ´Le llamaré mañana´ o ´iré a verla mañana´, pero eso no quiere decir que sea así”.
Él lidera un equipo con personal autóctono y extranjero, pero “el mundo de los negocios se está volviendo tan global, la gente viaja tanto, que las diferencias culturales se diluyen, al menos en ese ámbito”, sostiene. Sin embargo, algo perdura. A él le sorprenden dos rasgos claros en el modo de actuar de los equipos de trabajo españoles y catalanes: “La importancia de la jerarquía en la organización” y “la escasez de preguntas cuando el jefe las pide”.
La empresa financia clases de castellano para ambos. “No sabíamos que la lengua catalana estuviera tan presente en la sociedad de cada día, y tampoco hablamos castellano de modo fluido”, admite Nader, tras una conversación que discurrió en inglés. Pero recalca la amabilidad lingüística de la calle: “Si intentas hablar, la gente suele apoyarte y animarte; eso da ganas de aprender”.
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