Desalojos por un tubo

El Mundo, ROBERTO BÉCARES, 21-11-2009

Manzanares. El Ayuntamiento desmantela los asentamientos ilegales del río. Sólo cuatro de los 22 desalojados aceptan la ayuda del Samur Social «Nos han dicho que limpiemos todo esto, que la obra va a continuar por aquí». Tres obreros retiraban a última hora de ayer con la ayuda de una grúa el tubo de hormigón donde la noche anterior había dormido Jesús, un hostelero en paro de 45 años, que junto a otros 21 sin hogar había hecho de las obras del parque Madrid – Río su hogar. Mientras la grúa levantaba la tubería se caían algunos de los ropajes que usaba Jesús. Se completaba así el desalojo de los nuevos vecinos del Manzanares, la mayoría rumanos, que vivían desde hace semanas en casetas de obras, en prefabricados viejos de los propios obreros, o en tuberías, como Jesús, tal y como publicó M2 el pasado lunes.


Tras las críticas del PSOE y del Defensor del Menor, que pidió información sobre los menores que vivían en estos asentamientos, el Ayuntamiento actuó ayer a las 7.00 de la mañana. Trabajadores del Samur Social y del Selur y agentes de la Policía Municipal tuvieron menos suerte de la esperada. «Menuda se ha montado aquí esta mañana con la policía», relataba Magdalena, una indigente que ya ayer por la tarde seguía en el mismo banco de la obra junto al puente de Praga, «echando de menos» a sus amigos Jesús y Javier, que sí aceptaron acudir a un albergue.


Sólo ellos dos y una pareja de rumanos de los 22 sin hogar del Manzanares dio el sí a la invitación del Samur Social para acudir a las residencias municipales. Del asentamiento de la calle Vado con Antonio López se desalojó a 12 gitanos rumanos – nueve hombres y tres mujeres – , entre los que había dos menores, un chico de 15 años y una chica de 16 años. Todos ellos dijeron que se iban a coger un autobús de vuelta a Rumanía. Petrus e Irina – embarazada de ocho meses – , que vivían en una caseta que fue derribada ayer junto al mencionado puente, fueron trasladados al hotel Welcome, alojamiento concertado con el Samur Social. Mientras, otras dos familias rumanas que vivían cerca de allí en prefabricados de obra y otra pareja que habitaba cerca del Puente de Toledo rechazaron la ayuda de los servicios municipales. «Nos iremos a vivir a un parque de aquí cerca. No queremos ir a sitios con más gente», decía uno de ellos mientras recogía madera de una de las casas derribadas «para calentarnos por la noche».

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