Una vida 'complicada'
Diario Vasco, 15-11-2009Difícil, muy difícil y complicado que un gitano o gitana quiera aportar su testimonio y muchos menos su fotografía a la hora de realizar un reportaje periodístico. Son demasiados clichés negativos los que persiguen a este pueblo y la mayoría coincide en que aparecer en un medio de comunicación como perteneciente a esta etnia no les favorece y que incluso les perjudica.
Conchi Jiménez tiene 37 años y nació en Irun. Su madre es irunesa y su padre de Ondarroa. Su marido es también gitano y trabaja en un reconocido ‘templo’ de la gastronomía guipuzcoana, y con muy buena nota, aunque prefiere no hablar. «No nos favorece aparecer en la prensa como gitanos».
Conchi ejerce de mediadora en Cáritas con familias gitanas y estudia en la Universidad Pública de Navarra en el curso ‘Experto en Intervención Social con la Comunidad Gitana’. «He vivido toda mi vida en Irun. Me casé con un gitano y no hemos sufrido exclusión por parte de la sociedad, aunque sí que existe».
Mario Lozano tiene 50 años y cinco hijos y cinco nietos. Casado con una mujer gitana, como él, vive en Donostia, para cuyo ayuntamiento trabaja en tareas de mantenimiento. «Soy nacido en Navas de Oro (Segovia) y con 13 años llegué a San Sebastián. No me quejo. Ahora tengo un trabajo temporal, pero sí es cierto que los gitanos tenemos problemas a la hora de encontrar un empleo. En una empresa de jardinería me dijeron: ‘No queremos ni a moros ni a gitanos’. He pasado mucho tiempo buscando trabajos y en más de la mitad de ellos he tenido serios problemas por mi condición de ser gitano», explica.
(Puede haber caducado)