Los gitanos de Praga han sido confinados a la zona más pobre de la República Checa, que fue la más igualitaria del Este
Poscomunismo ´rom´
La Vanguardia, , 10-11-2009ANDY ROBINSON – Litvinov Enviado especial
Bajo el comunismo, todo el mundo trabajaba y a los ‘rom’ se les daba un empleo de fábrica o en la obra
Fue el acontecimiento de la tarde delante del degradado polígono de Janos en las afueras de Litvinov, la zona más pobre y más conflictiva de la nueva República Checa. Madres gitanas salieron corriendo con bebés. Abuelas que miraban desde ventanas rotas. Adolescentes con pendientes y gorras hip-hop habían traído bolsas de plástico. “Se cobra 80 coronas (dos euros) el kilo”, explicaba un hombre mientras sacaba sacos llenos de castañas, oscuras como su piel morena. Los gitanos habían pasado el día entero recogiéndolas en los bosques teñidos con los amarillos y rojos del otoño checo. Ahora las venderán a los guardabosques, que a su vez las venderán como cebo a los cazadores de jabalíes al llegar la nieve.
Para los rom de Janos es eso, el robo o la droga. “Aquí no hay trabajo para gente de nuestro color”, dice Janeta Holubova, madre de 27 años con un bebé recién nacido. “Y, desde que Daniel Volak (el alcalde de la tolerancia cero)manda en Litvinov, nos hacen trabajar 20 horas barriendo por salarios de 100 euros”, dice Marek Chivak, otro gitano parado de 19 años.
Estos son los grandes perdedores de la economía de mercado. “Los rom y otra gente sin educación están en peores condiciones ahora”, dice Jan Madke, economista del Partido Socialdemócrata. “Bajo el comunismo, la productividad era tan baja que todo el mundo trabajaba y a los rom se les daba un empleo de fábrica o en la construcción”. “Ahora suponen un enorme coste”, añade.
Hasta los mismos rom se quejan de la llegada de cada vez más gitanos al gueto de Janos. “Cuantos más gitanos llegan, más policía hay y más racismo sufrimos”, dice una mujer gorda de tez oscura. El 17 de noviembre del año pasado – el XIX aniversario de la revolución de terciopelo-neonazis del Partido del Trabajador, miles de residentes furiosos por la droga y la delincuencia, libraron una batalla campal contra la policía delante de los bloques de Janos. “Los vecinos querían sangre”, afirma Gwen Albert, autor de informes de la Unión Europea sobre los rom checos. Hay algo de miedo en Janos a que se repita en el XX aniversario.
La llegada de tantos rom desde Praga tiene una explicación fácil. La capital checa está muy de moda, una ciudad ya preciosa cuando las fachadas góticas estaban ennegrecidas por el hollín de la implacable industrialización estalinista. Ahora, higienizada y pulida, es una joya muy atractiva. Y, por la lógica inmobiliaria, a las familias rom,residentes desde hace decenios en los bloques destartalados cerca del centro de la ciudad, se les han ofrecido pisos gratis en Janos para allanar el camino a la gentrification,el aburguesamiento de Praga.
Hace 20 años, la República Checa era la economía más igualitaria del bloque comunista. Los privilegiados de la nomenklatura sólo ganaban tres veces más que los más pobres frente a la ratio de uno a diez en la Unión Soviética.
Aunque la igualdad a nadie le hizo demasiado feliz. “Era ridículo: un supervisor ganaba igual o menos que el trabajador; no hubo incentivos”, dice Madke. Pero para los gitanos – sólo el 2% de la población desde el extermino nazi-aquello funcionaba bastante mejor que esto.
Uno de los primeros trabajos de los economistas de Harvard y Chicago que llegaron a Praga hace 20 años fue fomentar incentivos. "En 1991 entré en el despacho del ministro de Finanzas y vi en su mesa un informe con el título en inglés: “Cómo aumentar la desigualdad”, explicó Stephany Griffith Jones, ex asesor del Banco Central checo. "Y le dije: ´¡Debe de haber un error tipográfico!´. Pero el ministro me respondió: “No. La distribución de la renta es demasiado plana”.
Veinte años después ya existe la dosis indicada de desigualdad.
Pero – con empresarios millonarios en un extremo y gitanos en desempleo permanente en el otro-los incentivos a veces dejan algo que desear: “Yo estuve trabajando para William Didenn, un multimillonario checonorteamericano”, dice Cada, chófer de 25 años. “Tiene un Rolls Royce Phantom, aunque sólo me dejaba conducir el Jaguar XJ8; trabajé 26 días por 20.000 coronas (800 euros); luego me enteré de que había donado 15 millones para rehabilitar a drogadictos. Y pensé: ´Oye, ¿por qué tantos millones para ellos y tan poco para mí?´”.
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