«Sakubona, ¿ninjani?» (Hola, ¿cómo está?)

El Periodico, JOan Canela, 10-11-2009

«Hola, ¿cómo está?». Es imposible empezar una conversación en Johannesburgo sin preguntar antes por la salud del contertuliano. Da igual que solo se quiera saber la hora o se encuentre uno ante el funcionario más burocrático de la ciudad. Si se quiere pasar directamente al segundo nivel –por ejemplo, «¿me puede dar el formulario E – 23?»– nuestro interlocutor volverá invariablemente al principio: «Hola ¿cómo está?». «Bien, ¿y usted?». «Bien, gracias». Y ya podremos pedir el formulario en cuestión.
Si uno es blanco todo el mundo se le dirigirá en inglés, idioma de relación común entre desconocidos, aun cuando es mayor la población que habla afrikaner, una lengua derivada del holandés que trajeron los primeros colonos. Nadie espera que un blanco se haya tomado la molestia de aprender una lengua africana y basta con aprender a saludar en zulú –«Sakubona, ninjani?»– para que todo el mundo ponga cara de sorpresa y encuentre la idea de lo más exótica y divertida.
Si la conversación es entre dos personas negras la cosa es diferente. En espacios donde los blancos son raros, como el transporte público o los mercados populares, casi es imposible oír hablar en inglés e incluso hay gente que no lo entiende. La cuestión no revestiría más interés si no fuera porque Suráfrica es el segundo país del mundo con más lenguas oficiales: 11. Y esto sin contar los idiomas de los más de cinco millones de inmigrantes . Johannesburgo, capital económica del país y destino de todos los flujos migratorios, concentra poblaciones más o menos importantes de todas las comunidades lingüísticas.
Descartado el inglés como lengua de relación y sin ninguna característica física o del vestido que marque diferencias, ¿cómo se hace para saber si la persona a la que uno se dirige habla zulú o tswane, sesotho o xhosa? Pues, simplemente, no se sabe. En un ejercicio de plurilingüismo perfecto, muy común en África pero difícil de imaginar en Europa, una mayoría de la gente es capaz, si no de hablar, al menos de entender todas las lenguas más o menos comunes en la ciudad. Alguien, simplemente, pregunta por una dirección en xhosa y el otro le responde en zulú, sin que nadie cambie de idioma, y todo el mundo tan contento. Y este sistema se usa en conversaciones largas, debates públicos o incluso en los culebrones televisivos, donde cada personaje habla en su propia lengua.
Esta situación viene facilitada por el hecho de que muchas lenguas africanas tienen el mismo origen y se parecen bastante. Pero aún así, son realmente sorprendentes los conocimientos lingüísticos de los surafricanos negros, porque casi ningún blanco es capaz de entender alguna lengua africana. De hecho, en este país se da la contradicción que mientras más bajo es el nivel educativo y socioeconómico de una persona más lenguas domina.
Johannesburgo es una auténtica Babel al revés, donde las múltiples lenguas no impiden la comunicación, sino todo lo contrario. Un sitio donde se demuestra que, si se quiere, hablando se entiende la gente.

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