Obama recuerda que en las Fuerzas Armadas hay soldados «de todas las razas, confesiones y lugares»
Los musulmanes temen represalias tras la masacre de Fort Hood
La Razón, 08-11-2009La tragedia supone un paso atrás en la campaña a favor de los árabes tras los ataques del 11 de septiembre.
Nueva york – El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiso dedicar ayer su discurso de los sábados a los soldados de la base de Fort Hood (Texas). Mientras, los investigadores intentan averiguar qué pudo hacer que el comandante Nidal Malik Hasan matase a 13 compañeros e hiriese a otros 30. El mismo psiquiatra, que permanece en coma tras recibir cuatro disparos, ha sido trasladado a un hospital del Ejército en San Antonio (Texas).
Obama destacó que el tiroteo trajo «lo peor de la naturaleza humana», pero también mostró «lo mejor de Estados Unidos». Ayer la Casa Blanca anunció que el demócrata y su esposa, Michelle Obama, asistirán el martes al funeral en Fort Hood (Texas), lo que retrasará su viaje a Asia.
Adelantándose a posibles represalias contra la comunidad musulmana, Obama indicó que «no podemos entender completamente qué lleva a una persona a hacer una cosa así. Pero lo que sí sabemos es que nuestros pensamientos están con todos los hombres y mujeres heridos en Fort Hood. En las Fuerzas Armadas de Estados Unidos hay soldados de todas las razas, confesiones y lugares. Son cristianos, judíos, hindúes y no creyentes», resaltó de la diversidad sobre la que se ha construido su país.
Todavía no se ha aclarado el motivo por el que Hasan decidió atacar a sus compañeros, pero los líderes de la comunidad musulmana han admitido que ya han recibido amenazas. Mientras, en Washington, Chicago y California los imanes han solicitado que se aumente la seguridad alrededor de sus mezquitas.
El director del Consejo de Relaciones Islámico – americanas, Hussam Ayloush, destacó que «estamos en uno de los momentos en que tenemos que sentarnos y rezar para que la mayoría de los estadounidenses se hagan más fuertes, se unan más y sean más tolerantes», en clara referencia a las advertencias que las organizaciones musulmanas han recibido tras este suceso.
El demócrata Andre Carson, uno de los dos únicos políticos en el Congreso que profesa dicha religión, hizo hincapié en que hay que fijarse en los problemas mentales del sospechoso en lugar de en su credo, ya que este suceso supone un paso atrás en la campaña de concienciación en favor de los árabes tras los ataques del 11 – S.
La tragedia de Fort Hood también ha aumentado la preocupación por los musulmanes que forman parte de las filas del Ejército. Algunos compañeros de Hasan le atacaban por su fe, compañeros con los que el soldado discutía por estar en contra de las guerras de Afganistán e Irak. Incluso pidió consejo a uno de los fundadores de la Comunidad Islámica de Texas, preocupado por cómo actuar cuando se encontrase en el frente un enemigo con sus convicciones religiosas. Osman Danquah, que recuerda su conversación con Hasan, admite que sus palabras eran incoherentes. No sospechó de sus intenciones, pero sí tuvo las suficientes dudas como para negarle el certificado que le hubiese convertido en líder musulmán en Fort Hood.
Ocho minutos de infierno
Poco después de que los relojes marcasen la una y veinte de la tarde en Texas (ocho y veinte en España), el comandante Nidal Malik Hasan empezó a abrir fuego contra sus compañeros con dos pistolas. Hasan se movía alrededor de sí mismo mientras disparaba de forma metódica a los soldados. Cuatro minutos después, a la una y veintitrés, la oficial de Policía Kimberly Munley pasaba cerca del lugar del suceso mientras esperaba a que le revisasen su coche. Ya había cesado el ruido de disparos. Entonces, vio a Hasan acosando a un soldado herido. Munley no dudó, se aproximó a él y le disparó, pero la joven falló. Hasan se volvió hacia ella mientras recargaba su arma. Era ya la una y veintisiete. Habían pasado sólo ocho minutos desde que empezó la sangría.
El Pentágono no ha precisado cómo se desarrolló el enfrentamiento entre ambos, pero se sabe que Munley consiguió dar en el torso a Hasan. También se ha desvelado que la agente recibió dos balazos en el muslo izquierdo. La pelea terminó con los soldados tendidos en el suelo. Poco después, llegaron refuerzos y se vieron las mismas escenas de combate que en cualquier campo de batalla, en la que los supervivientes utilizaron sus propios uniformes para hacer torniquetes a los heridos.
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