Pisito con vistas a una vida plena

ABC, MARÍA ISABEL SERRANO | MADRID, 01-11-2009

Como es menor – 14 años – vamos a llamarle Mohamed. Le gusta este nombre porque, de hecho, es de origen marroquí. Está sentado ante un ordenador. Se le ve feliz. Es feliz a pesar de que se siente algo abandonado por su padre. Ya no le importa tanto. Ahora vive con su madre y su hermana en uno de los apartamentos del Centro Santa María del Parral, en Aravaca.

Desde que llegaron aquí, hace año y medio aproximadamente, Mohamed y su familia se han sentido apoyados y amparados. Ven luz en su horizonte y tienen fe en la vida plena que les espera. Después de todo lo que ha luchado, su madre, Zhara, grita a los cuatro vientos: «Me gusta que estemos los tres juntos».

Mohamed se mete, este curso, en tercero de ESO. Es aplicado. Quiere ser bombero o abogado, pero confiesa que para lo primero hay que pasar pruebas físicas muy duras. «Todavía tengo tiempo para pensarlo», nos dice con una sonrisa aderezada con el brillo de sus «bracket».

Zhara, la madre, ha dejado atrás un calvario. Está preparando los papeles de separación o de divorcio. Ya verá por lo que se decide. Tiene trabajo en el sector de la limpieza. Vive con sus dos hijos – Mohamed tiene una hermana de 6 años – en un apartamento de unos cuarenta metros cuadrados del centro Santa María del Parral. Dos habitaciones, salón – comedor, cocina y baño. Para ellos, un verdadero sueño.

Por sesenta euros al mes

Los 30 pisitos de este centro forman parte de un proyecto para «crear hogar». Hasta aquí llegan familias monoparentales, la mayoría son madre e hijos. «Con papá e hijos sólo hemos tenido una familia en toda la historia del centro», asegura su directora, Joaquina Lozano. En estos momentos, hay 24 apartamentos ocupados. Las familias pagan 60 euros al mes para cubrir, más que nada, los gastos de agua y luz. El 60 por ciento de las «cabeza» de familia trabajan. El 70 por ciento son extranjeras.

El tiempo máximo de estancia en un piso del centro es de año y medio. Excepcionalmente se puede llegar a dos. Los objetivos básicos de este proyecto es la protección de las personas en situación de riesgo, promoción de la vida familiar normalizada, el ejercicio de procesos de desarrollo personal y familias, generar vínculos y responsabilidades sociales compartidas y, por último, alcanzar un nivel óptimo de autonomía.

El centro residencial Santa María del Parral, inmueble propiedad de la Fundación Sociedad Protectora de los Niños cedido a Cáritas de Madrid, tiene un convenio con el Ayuntamiento madrileño a través de su Dirección General de Familia, Infancia y Voluntariado.

Hasta aquí llegan familias monoparentales en situación de exclusión social con hijos menores de 16 años a su cargo que necesitan una intervención especializada y un acompañamiento durante dos años. Presentan, además, dificultades psico – sociales a consecuencia de rupturas familiares, malos tratos o precariedad económica grave.

Juegos en el jardín

«Es importante salvaguardar la convivencia del menor con su familia para no tener que solicitar una medida de protección que provocaría la separación del grupo familiar», ha dicho la delegada municipal de Familia y Servicios Sociales, Concepción Dancausa, en una visita realizada al centro de Aravaca, establecimiento que cuenta con un equipo especializado tanto en asistencia social, sanitaria, educativa, psicológica y jurídica.

Una de las metas de programa que incluye centros como este de Santa María del Parral es impulsar la protección de los menores. En realidad, el centro de Aravaca es como un bloque de vecinos. En el jardín, las madres hablan entre sí mientras sus pequeños juegan. Luego, cada cual, se mete en su casa. Es un proyecto vivo porque aquí hay mucha vida.

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