Las tres caras de El Ejido

ABC, JAVIER LÓPEZ | EL EJIDO, 25-10-2009

El número 399 del bulevar es una minúscula casa color mostaza. En la misma acera, a medio centenar de metros, se alza un edificio de 30 plantas saturado de mármol, el mismo material que recubre las fachadas de la gran plaza del Ayuntamiento. En El Ejido la arquitectura cumple una función de metáfora sociológica porque revela la complejidad del pueblo, donde residen a la vez la gente sencilla, los nuevos ricos y la corrupción.

El Ejido sorprende por la limpieza de sus calles, inhabitual en los municipios andaluces. La ciudad muestra un aspecto saludable, fruto de una prosperidad sustentada en los invernaderos, una idea genial que surgió hace 30 años en la mente de unos pioneros con la mirada puesta en el porvenir, artífices de la espectacular transformación económica de Almería, que era a principios de los 70 una provincia pobre, cercada por un desierto romántico, pero inútil, y un mar amable, pero desaprovechado.

En El Ejido se fraguó en parte el gran desarrollo de Almería. De ser un conjunto de eras dedicadas al pastoreo pasó a convertirse en el motor del territorio merced a la agricultura intensiva. Hasta finales de los 60, la uva centraba la modesta actividad agraria. La uva explica muchas cosas que sucedieron después. Los hortelanos comprobaron la eficacia de sembrar otros productos bajo las parras. De ahí al plástico sólo había un paso. Y lo dieron.

Impulsado por el acierto, El Ejido creció de tal manera que en 1982 se segregó de Dalías, hasta entonces núcleo urbano matriz de la zona de esta zona del poniente almeriense. La inercia de los buenos años le permitió transitar sin agobio por la década de los 90 y, en cierto modo,capear la actual crisis, dado que una parte considerable de los agricultores amortizó en la edad de oro las inversiones realizadas en los invernaderos. Aun así, su situación es ahora delicada por la competencia en precios de otros países que cultivan los mismos productos: pimientos, calabacines, pepinos, tomates…

Los invernaderos que acordonan la ciudad tienen un aire de favela que contrasta con la riqueza que generan. Una riqueza que ha atraído a El Ejido a decenas de miles de personas. Primero, españolas, y después, de casi todos los continentes. Más del 20% de los vecinos son extranjeros. En El Ejido residen hombres y mujeres de 110 nacionalidades, lo que ha generado en ocasiones serios problemas de convivencia. Los más graves tuvieron lugar en 2000, cuando el asesinato en una semana de tres egidenses a manos de magrebíes motivó una reacción xenófoba de una parte de la población nativa.

Victoria aplastante

Espoleada por los medios de comunicación, la opinión pública empleó entonces el adjetivo racista para definir a El Ejido. El pueblo, abrumado por las descalificaciones, aplaudió la defensa a ultranza de sus gentes que hizo el alcalde, Juan Enciso, por entonces militante del PP, quien se enfrentó incluso al Gobierno central, dirigido por su partido, por no estar de acuerdo con el modo en que afrontó la crisis. En aquel momento, Enciso no sólo marcó su territorio, sino también su futuro.

Las elecciones de 2003 se saldaron con una victoria aplastante del PP, partido al que meses después de su elección se enfrentó el alcalde por no estar de acuerdo con el candidato que la dirección regional queria imponer para presidir la Diputación provincial. El pulso se saldó con su marcha y la constitución de una nueva formación, el Partido de Almería (PAL), bajo cuyas siglas ha gobernado la ciudad hasta que el pasado miércoles la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Almería le detuvo, junto a otras 19 personas, por su presunta implicación en una trama que ha malversado al menos 150 millones de euros.

Los investigadores policiales que han llevado a cabo la operación Poniente consideran que Enciso, parte de su familia, y varios empresarios amigos utilizaron la empresa mixta de servicios municipales Elsur para desviar la millonada. El modo de operar consistía en inflar el presupuesto de la sociedad para que ésta, a su vez, subcontratara los trabajos con empresas relacionadas con sus parientes y sus amistades.

A diferencia de lo que ha ocurrido en otros puntos de España, la detención del alcalde no ha convulsionado al pueblo, consciente tal vez de que Enciso situaba su gestión en la frontera de la legalidad. El PP ejidense señala que la población tiene claro que la situación actual es producto de la suma de cuatro factores: un alcalde populista, un pueblo agradecido, un dinero fácil y una mano larga.

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