El hombre fuerte de los afrikáner vuelve con ímpetu

El Mundo, J. CLAYTON. THE TIMES, 14-10-2009

Terre Blanche reclama un territorio propio para los blancos en Sudáfrica Ventersdorp (Sudáfrica)


Con los brazos extendidos y el tono grave de su vozarrón resonando por todo el ayuntamiento, el orador de la barba canosa hizo un llamamiento al afrikaner volk (pueblo africano blanco, por lo general, el de origen holandés) a plantar batalla con palabras que evocaban el pasado. «Ya es hora de dejar atrás el miedo», proclamaba a voz en grito, entre los gruñidos de aprobación de los espectadores, agricultores fornidos, vestidos de caqui, acompañados de sus mujeres y sus hijos. «Ha llegado el momento de que todos los afrikaners auténticos se apoyen los unos a los otros y peleen hasta el final, cueste lo que cueste».


Eugene Terre Blanche, en tiempos el temido dirigente del movimiento racista de la supremacía blanca en la Sudáfrica del segregacionismo racial, ha vuelto. Está menos exaltado y más comedido que en sus tiempos de mayor gloria, en los 80, pero su mensaje no ha cambiado en lo fundamental.


A sus 300 partidarios de Ventersdorp, una pequeña localidad agrícola en decadencia de la árida meseta esteparia sudafricana, a 200 kilómetros de Johannesburgo, les dijo que está dando respuesta al llamamiento de los boers (agricultores) y revitalizando el Movimiento de Resistencia Afrikáner (AWB, según sus siglas en afrikáner), de tendencia nazi, para salvarles de la opresión del Gobierno del partido de los negros: el Congreso Nacional Africano (CNA).


«Nuestro país está gobernado por delincuentes que asesinan y roban. No había otra tierra mejor que ésta y ellos la están arruinando», gritaba, entre grandes ovaciones, mientras se secaba la saliva que le caía por la barba con un pañuelo cuidadosamente planchado. «Nos están oprimiendo otra vez», decía. «Otra vez nos levantaremos».


Como siempre, invocó el recuerdo de la Guerra de los Boers, hace más de un siglo, en la que unos 26.000 afrikaners murieron en campos de concentración erigidos por los británicos.


«Si combatimos a la Commonwealth británica, también podremos sobrevivir al CNA», declaró posteriormente.


Terre Blanche explicó que él y sus aliados habían convocado el mitin en el ayuntamiento de Ventersdorp para unir a 23 grupos de extrema derecha bajo la única bandera del AWB. Quieren llevar la lucha de los afrikaners libres al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya y van a exigir su derecho a una república aparte.


Terre Blanche, de 68 años, ha vivido en un segundo plano relativo desde 2004, cuando salió de prisión tras cumplir una condena de seis años por agredir a un empleado de raza negra de una gasolinera y por intento de asesinato de un guardia de seguridad.


Muchos pensaron que Terre Blanche, un personaje político ridículo de una época ya pasada, había desaparecido para siempre de la escena política.


Su movimiento quedó de hecho reducido a la nada cuando intentó apoyar al líder títere del territorio negro de Bophuthatswana poco antes de las primeras elecciones democráticas celebradas en Sudáfrica, en 1994.


Ahora, Terre Blanche escoge sus palabras con más cuidado y prefiere poner el énfasis en que el AWB pretende seguir una vía legítima hacia la independencia y en que no está haciendo ningún llamamiento a la lucha armada, al menos, de momento.


Sin embargo, como otros afrikaners, defiende su derecho a protegerse a sí mismo de ataques y ha manifestado que el Ejecutivo, dirigido por negros, se ha propuesto destruir a su pueblo.


«En Sudáfrica, el blanco se está dando cuenta de que su salvación depende de su autogobierno en territorios que compraron sus antepasados. Todavía tenemos en nuestro poder las escrituras de propiedad de la tierra que compramos a los africanos; esos títulos siguen siendo válidos y deberían ser reconocidos por la legislación internacional», manifestó.


Al término del mitin se procedió a interpretar (cómo no), de forma aún más conmovedora si cabe, el antiguo himno nacional sudafricano: el Die Stem van Suid Afrika (La llamada de Sudáfrica).


Una extrema derecha sin apoyo


La extrema derecha de Sudáfrica, que en la actualidad está compuesta por no menos de 60 grupos diferentes, algunos de ellos minúsculos, tiene una presencia política marginal. Ni siquiera Eugene Terre Blanche, que en tiempos asistía a estas concentraciones políticas a la grupa de un caballo, ha sido capaz, con todo su carisma, de atraer a una gran audiencia como que en otros tiempos conseguía. Él y sus lugartenientes, sin embargo, están aprovechando un rico filón de descontento social. Ahora bien, en total, solamente una exigua minoría de los dos millones de afrikaners que se calcula que hay a lo largo de todo el país apoya a grupos de extrema derecha.

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