Un equipo de fútbol de inmigrantes árabes se niega, por principios morales, a jugar con otro integrado por gais

El Periodico, 10-10-2009

«Estamos acostumbrados a las reacciones homófobas, pero nunca nos habían anulado un partido por ser homosexuales». Pascal Brethes, fundador del París Foot Gay (PFG), está consternado. La víspera del encuentro entre su club de fútbol amateur, integrado por homosexuales y heterosexuales, y el Créteil Bébel, recibió un correo de sus rivales anulando el partido en nombre de Alá.
La chocante misiva, que en Francia ha provocado un creciente escándalo, se ahorra los eufemismos: «Lo sentimos, pero debido al nombre de su equipo y conforme a los principios de nuestro equipo, de musulmanes practicantes, no podemos jugar contra ustedes, nuestras convicciones son mucho más importantes que un simple partido de fútbol, una vez más nos excusamos por haber avisado tan tarde». Lo que más ha desmoralizado a los miembros del PFG es el tono. «No es odio, el Créteil Bébel rechaza jugar y se excusa como lo hubiera hecho si no hubiera reunido suficientes jugadores para disputar el encuentro», lamenta el club fundado en el 2003 para «defender el derecho a la diferencia» y animar a los deportistas homosexuales a «salir del armario». En sus filas militan «negros, blancos y magrebís» practicantes de diferentes religiones, incluido el islam.
Uno de ellos, Brahim Naït – Balk, acaba de publicar un libro titulado Un homo dans la cité (un hombre en la ciudad) en el que denuncia el tabú que pesa sobre la homosexualidad en los guetos de inmigrantes de la periferia de París, de donde vienen los jugadores del Créteil Bébel.
Medio hostil
El testimonio de este magrebí musulmán de 45 años ha descubierto la dura realidad de los gais en un medio extremadamente hostil, donde los principios republicanos están lejos de ser respetados.
La reacción del equipo de Créteil no hace más que confirmar esta situación. «Como musulmán, tengo el derecho de no querer jugar (contra el PFG) porque no me adhiero a sus ideas», ha declarado un dirigente del club al tiempo que presentaba excusas si la actitud de la entidad había «ofendido o herido a alguien». Un jugador, que afirma no tener ningún problema para disputar el partido, se ha defendido afirmando que la homófoba es la dirección. Pero el hecho de que haya realizado estas declaraciones protegido por el anonimato no hace otra cosa que poner más en guardia al PFG.
El equipo que defiende la diferencia no quiere dejar pasar el incidente. Por eso solicitó a la liga amateur de París que sancione al Créteil Bébel. El alcalde de París, Bertrand Delanoë, ha enviado una carta de apoyo al PFG, que ha recibido un centenar de mensajes de solidaridad.
Para Brethes, no deja de ser paradójico que el incidente desencadene la indignación general mientras que «a nadie le resultan sorprendentes otras actitudes igualmente homófobas como que se trate de maricón a un árbitro o que un equipo rechace llevar una camiseta de color rosa porque es de gais».
El fundador del equipo considera bien empleado el escándalo si sirve para avanzar frente a actitudes hipócritas, como la de los clubs de primera división que se comprometen a firmar la carta contra la homofobia impulsada por el PFG pero que no encuentran el momento para pasar al acto, como el Olympique de Marsella. Solo tres de los 20 clubs de fútbol profesional han suscrito el documento.

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