La muga de los 'gorrillas'
Diario Vasco, 06-10-2009
DV. Los gorrillas, o aparcacoches espontáneos que cobran a los conductores la voluntad por ayudarles a estacionar su vehículo, se han establecido en la zona comercial de Behobia, en Irun. Hace ya «casi dos años» que llegaron a este área fronteriza caracterizada por la gran afluencia de turistas que la transitan, pero en los últimos meses este colectivo ha crecido en número y su forma de actuar se ha recrudecido, según los comerciantes de la zona.
Actualmente, el grupo de gorrillas lo componen entre siete y ocho personas, «hombres, mujeres y algún menor», de origen rumano. Acuden diariamente al aparcamiento sito frente a las tiendas y cumplen una especie de jornada laboral ayudando a los conductores a aparcar en las plazas libres del aparcamiento a cambio de dinero. «Más bien les amenazan», cuentan en un comercio que desemboca en el parking. «Han llegado a escupir a quien no les ha querido pagar», añaden. Aún así, admiten que ya están muy acostumbrados a verlos y que creen que poco se puede hacer contra este sistema de cobro irregular.
La gota que ha colmado el vaso ha sido la agresión de tres personas que habitualmente componen el grupo de los aparcacoches a un vigilante de la OTA, Mikel L., durante la tarde del pasado sábado. El hombre realizaba como cada día su turno, cuando unos ciudadanos franceses le avisaron de que dos mujeres intentaban manipular una máquina de la OTA para extraer el dinero. «Cuando me acerqué para llamarles la atención empezaron a darme empujones, hasta que llegó un tercero y empezó a pegarme», cuenta el vigilante. Con un ojo enrojecido, fisuras en el tabique nasal y un codo herido, Mikel no ha querido dejar de hacer su trabajo, aunque ahora lo custodia un compañero. «Nos han doblado la seguridad para que no estemos solos por esta zona. Yo ya conocía al hombre que me golpeó – añade – , lo denuncié el año pasado por amenazas y en el juzgado le impusieron una multa de 80 euros. Pero aquí está de nuevo. Llevan ya mucho tiempo aquí. Antes pedían, pero ahora amenazan y no hay nada que hacer», lamenta.
Se esconden en Francia
Cuando el vigilante fue agredido, una patrulla de la Policía Local se desplazó inmediatamente hasta el aparcamiento y detuvo a los tres presuntos atacantes. Una de las arrestadas era una menor, y su caso fue puesto en conocimiento de la Fiscalía de Menores. «Pero es igual», tercia Rubén Fraile, presidente de la Asociación de comerciantes de Behobia. «A Mikel se lo llevaron al hospital y, antes de que bajara, a las tres horas de atacarle, ellos ya estaban de vuelta aquí. Sobre este grupo hay alrededor de un centenar de denuncias, pero poco se puede hacer contra ellos porque, en teoría, sólo son europeos que piden limosna. Y, aunque amenacen a los conductores, eso hay que demostrarlo, cogerles haciéndolo. Si en algún momento se incrementa el número de dispositivos de la Policía Local, cruzan el puente de al lado del aparcamiento que los sitúa directamente en Francia en un momento. Allí la Policía no tiene competencia», aclara. Mientras tanto, los conductores, además de pagar la OTA, «tienen que pagarles a ellos», resume.
Demandan soluciones
El presidente de la asociación de vecinos de Behobia, Paco Martínez, corrobora que los gorrillas están muy asentados en la zona y en su actividad. «Al principio eran dos o tres, y ahora ya son unos siete. Tienen sus horarios, y prefieren los puentes festivos, el verano, y las épocas en que hay más tránsito de vehículos. Están organizados», resume. Así, por la mañana «el cabecilla» los traslada en coche hasta el aparcamiento y después los pasa a recoger. «Se limitan a la zona comercial, donde piden insistentemente dinero».
Martínez recuerda que en verano se incrementó la seguridad policial en la zona, pero que, ya en septiembre, «bajaron la guardia». Y explica que necesitan soluciones a este fenómeno. «Nosotros no podemos andar enfrentándonos a ellos. Y la cosa está cada vez peor», concluye el representante de unos vecinos cada vez más hartos de esta situación.
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