Robo callejero a la vez que se extiende el tráfico de drogas, lo hace el malestar de los que viven o trabajan en Ciutat Vella y empiezan a organizarse

Hartazgo vecinal

La Vanguardia, ENRIQUE FIGUEREDO - Barcelona , 28-09-2009

Un sentimiento se extiende por Ciutat Vella. Los vecinos están cada vez más movilizados en contra de una vida en los barrios que les disgusta por la degradación del entorno, el incivismo, el tráfico de drogas o los robos callejeros.

Los diferentes moradores del distrito, comerciantes y personas que viven en él, empiezan a estar cansados. Eso se visualiza, por ejemplo, en diferentes iniciativas nacidas de la sociedad civil. En algunos casos, se ha traducido en la colocación estratégica de pancartas de protesta coincidiendo con el inicio de las fiestas de la Mercè. En realidad, ha sido sumar un gran número a otras que ya existían. En otros casos, el hartazgo de los que viven en Ciutat Vella ha pasado por denunciar públicamente asuntos como la imposibilidad de que los niños jueguen en parques infantiles del distrito por la gran cantidad de suciedad y hasta jeringuillas que hay en el suelo y que han obligado, incluso, a cambiar el tipo de pavimento. El colectivo Raval per Viure encarna uno de estos grupos que quieren que las cosas cambien en su barrio al margen de opciones políticas y exigiendo soluciones a la administración.

Existen personas allegadas al Ayuntamiento de Barcelona que piensan que el estallido de este descontento ha venido empujado por los grupos políticos de la oposición municipal, en especial por el de CiU.

Sorprende en cierto modo que la mayoría de quejas se dirijan en exclusiva contra el Ayuntamiento de Barcelona, representado por el alcalde Jordi Hereu. Muchos de los problemas que denuncian vecinos y comerciantes exigen respuestas no sólo del Ayuntamiento, a través de la Guardia Urbana, sino también desde el Departament d´Interior, a través de los Mossos d´Esquadra. “Es una vergüenza que pase lo que está pasando a muy pocas manzanas de la plaza donde están el Ayuntamiento y la Generalitat”, dice el dueño de un establecimiento comercial de la calle Ample.

Los comerciantes hablan de asuntos que afectan a la seguridad ciudadana y a las ordenanzas municipales. Se quejan de los robos a turistas por la calle o dentro de restaurantes y también de que se siga bebiendo en la calle pese a la prohibición. “Parece que se apuesta en la práctica por los lateros y no por el comercio, que, además, da trabajo”, asegura el propietario de un restaurante. “Parece un contrasentido que haya más policías dedicados a controlar el tráfico rodado que el tráfico de drogas”, dice un cliente que acude a menudo a Ciutat Vella.

Algunos de los consultados creen que la situación cambiaría con mayor presencia policial uniformada en la calle y mejorando cuestiones como la iluminación y la rehabilitación de edificios, incluidos ciertos locales comerciales. Por ejemplo, la existencia de pequeños comercios dedicados casi a lo mismo a un lado y otro del Raval preocupa y sorprende.

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