La española que empuja a Irlanda al 'no' a la UE

El Correo, ÍÑIGO GURRUCHAGA, 27-09-2009

La descripción del itinerario político y geográfico de Marta Andreasen parece una ilustración personal de las ventajas que traen la suavización de las fronteras y la unión de países. Nacida en Buenos Aires, hija de un danés y de una argentina, vive en Barcelona con su marido y sus dos hijos, tiene nacionalidad española y es eurodiputada por la circunscripción del sudeste de Inglaterra.

Pero Andreasen ha sido posiblemente la más bienvenida participante extranjera en la campaña de los partidarios del ‘no’ en el segundo referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa, que se celebrará el próximo viernes. Y, desde la oficina del Parlamento Europeo en Londres, mantiene la esperanza de que el ‘no’ gane de nuevo.

«Los irlandeses son más listos que los ingleses», dice. Y, tras la risa, explica que en los actos de campaña y en sus encuentros cotidianos ha detectado dos poderosas razones para el ‘no’: «La religión es importante y la cuestión de la eutanasia afecta al voto; y luego, los irlandeses están enfadados porque les obligan a votar por segunda vez».

No todos los extranjeros deseosos de que Irlanda envíe al limbo el tratado constitucional, que intenta reorganizar la UE como consecuencia de la ampliación a veintisiete miembros, han sido bien recibidos. Nigel Farage, eurodiputado y líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), lamentaba el otro día que su empeño en ayudar con el dinero y la militancia del euroescepticismo británico la causa del ‘no’ irlandés recibiese como premio el lanzamiento de tomates mientras diserta.

A Marta Andreasen, que es diputada del UKIP, nadie le ha lanzado tomates. Y, aunque el aterrizaje de una nacionalista británica en Dublín o Cork para dar instrucciones sobre cómo se debe votar no parece que sea lo más esperado en Irlanda en el último siglo, que Andreasen no haya recibido tomatazos no se debe sólo a que nació en Argentina o a su nacionalidad española. Se debe probablemente a que tiene una historia que contar.

Compendio de denuncias

La ha escrito en ‘Brussels Laid Bare’ (Bruselas al desnudo), un libro publicado en mayo, en el lanzamiento de su campaña para las elecciones europeas, y en el que cuenta, con el alambicado detalle burocrático que aleja al público de la discusión sobre cuestiones europeas, su fracasado intento de introducir al principio de esta década un sistema de contabilidad en la UE que pudiese al menos detectar el tamaño del fraude en la ejecución del presupuesto comunitario.

Tras ser nombrada como responsable de las cuentas de la UE, no pudo introducir los cambios que creyó necesarios, fue prontamente apartada de su cargo y finalmente despedida. Sus recursos fueron rechazados por los tribunales europeos. En su regreso a Bruselas como eurodiputada, no fue elegida como vicepresidente del comité de Control Presupuestario del Parlamento en una votación secreta.

«Recurrieron al voto secreto, pero fue un error porque, si hubiese sido elegida, tendría que haberme sometido al funcionamiento consensual, pero ahora tengo la libertad de actuar», sostiene esta mujer de personalidad firme o testaruda, que tuvo un conflicto profesional anterior en la OCDE y que acaba de dimitir como tesorera del UKIP.

«Lo que ocurre en la UE es que los políticos llegan y se van. Quienes la llevan son los directores generales, que tienen un buen trabajo y una buena vida», argumenta Andreasen, quien sostiene que esa casta de burócratas tiene el interés inevitable en seguir creciendo y acumulando poder y en evitar sistemas de control, como una mejora de la contabilidad, porque quieren seguir dando dinero libremente a quienes están a favor de la idea.

El Tribunal de Auditores no ha certificado las cuentas de la UE en los últimos catorce años y eso podría servir como aval de la idea de Andreasen de que hasta la mitad de su presupuesto se aplica de una manera irregular y abierta al fraude. Defensores de la Comisión dicen que la ley que creó el tribunal exige que todos los papeles estén en regla antes de emitir el certificado y que, si ese mismo criterio se aplicase a las cuentas de los gobiernos de países europeos, tampoco lograrían el pase.

Atentas audiencias

La testigo incómoda de una supuesta ligereza en las reglas que se aplican gobernantes y burócratas de la UE para gastar el dinero de los contribuyentes tiene audiencias atentas en Inglaterra, que le dio un escaño desde el que seguir investigando las cuentas de la Comisión, o ahora en Irlanda, particularmente en estos tiempos de crisis.

En la campaña del segundo referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa, Andreasen fue posiblemente la figura más destacada de la variopinta coalición del ‘no’ – que une a contables puritanos con recalcitrantes de la extrema izquierda, a católicos asustados con los padrinos de Sinn Fein – hasta el regreso del fundador de Libertas, Declan Ganley, que había renunciado a la política tras no lograr su euroescaño en junio, pero que ha decidido unirse a la campaña en los últimos días.

Marta Andreasen cree que, si ganase este viernes el ‘no’ en Irlanda, «cambiaría el mapa de la UE». Una opción es «que en seis meses vuelvan a convocar un referéndum, que es posible que lo hagan». La otra sería que «la UE opere en dos velocidades, de tal modo que unos países se convirtieran en asociados…». Pero, cuando enumera algunas consecuencias de tal reestructuración, parece tan compleja como el fin de la UE.

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