«Entre los moros que desfilan en el festejo, tenemos uno, Mohamed, que es de verdad»
La Verdad, , 26-09-2009[Claro. Si el payo viene, como vino, con bigote y barba, ¿como puedes tú saber si es moro o cristiano? Por mucho que se llame Alfonso, se te queda dentro la duda. Porque la verdad es que viste lo mismo de convencional que un consejero del que llamaGobierno regional]
- Antes de meternos en harina, ¿eres moro o cristiano?
- Yo soy moro.
[García no se queda satisfecho y le pide que enseñe la patita por debajo de la mesa. Y comprueba su morería sin ninguna duda]
- ¿De qué kábila?
- De la kábila Abul – Abbás.
- ¿Y quién era ese?
- Era un sufí. Un santón, tipo Ibn Arabí.
- Tú sabes que su segundo apelliddo era ‘al Murcí’.
- Sí, señor. Nació en Murcia.
- ¿Los de tu kábila van con mujeres y les gusta el turrón?
- [Lo pilla rápido y se ríe] ¡Bueno! Los de mi kábila son gente muy seria, la mayoría familias con sus nietos… Van con mujeres, pero son las suyas.
- Te lo digo porque Abul predicaba la austeridad, el recogimiento, la introspección y el silencio. Échale.
- [Confirmando] Efectivamente. Nosotros somos unos fieles discípulos de Abul.
- El pobre se tuvo que ir de aquí echando leches…
- [Sinceramente dolido] ¡Sí, señor! Y allí está en Alejandría, enterrado.
- ¿Y cómo no vais a verlo?
- Pues sí. Lo tenemos planificado. Está dentro de nuestros objetivos.
- Y hacerle allí un desfile.
- Si nos dejan, ¿por qué no?
[Aquí, nuestro moro Alfonso – ¡mira que llamarse Alfonso! – es lacónico, pero va al grano. Es de agradecer]
- Murcia ha tenido moros cojonudos, ¿eh?
- [Con orgullo] Fantásticos. Filósofos conocidos mundialmente.
- Por lo que tú observas desde la presidencia, ¿quiénes chingan más: lo moros o los cristianos?
- Dicen que los moros.
- Tú chingas bien, claro.
- [Con cara de circunstancias] Yo no tengo problema. De momento.
- A ver si ahora nos llama tu mujer por teléfono y te deja mal. ¿Hay disputas entre vosotros? Digo entre moros y cristianos. Formas diferentes de la ver la vida…
- Yo pienso que no. Dicen que la mentalidad de los moros un poco más marchosa, ¿no? Por eso hay más gente que quiere hacerse mora que cristiana. Yo fui vestido de cristiano a la cena del Rey.
- Pero, coño, eso es traición.
- [Contundente] ¿Traición? Yo soy el presidente de todos.
- ¡Ah! ¿Y vas a misa, moro?
- [Reflexionando] No soy practicante. Pero creo en Dios.
- ¿Y crees también en Alá?
- Yo, en Alá, no creo mucho, la verdad.
- Veo que eres un moro entreverado. Pero no pruebas el vino.
- Sí que lo pruebo.
[García no se fía]
- A ver. Tírale un viaje.
- [Después de tirárselo] Y del cerdo, me gustan hasta los andares.
- ¡Pues vaya un moro! ¿Te gusta el cus – cús?
- No es el plato que más me agrada, pero lo he comido en Marruecos varias veces.
[Ahora viene la prueba definitiva]
- ¿Te va bien que el anfitrión meta la mano dentro del cordero y te dé la mejor tajada?
- [Tuerce el gesto] No soy muy partidario de eso. Aunque no me repugna.
- Pero si el tío se ha lavado bien las manos…
- Entonces, sí.
- Pero como no lo sabes… Tú eres un brasero, ¿no?
- Me va la carne a la brasa.
- Digo que tú sólo sabes hacer las brasas.
- Eso es verdad.
- ¿Por qué sacáis los moros las armas todos los años, sabiendo que vais a perder la batalla?
- [Se ríe] Pero esto es un ritual. Durante la primera semana, el rey Ben Hud es quien domina Murcia. Y aquí hubo pacto, no sangre.
- ¿Hay moros de verdad en tre tus huestes?
- [Contento] Pues sí. Hay un moro, Mohamed. Hace dos años, fue rey cristiano.
- ¡Pero, pijo! ¿Qué cachondeo es este?
- Sí, sí. Sorprendente, pero…
- ¿Y os dicen algo los inmigrantes marroquíes cuando os ven pasar?
- Nosotros tenemos a muchos marroquíes que van por el campamento. Y los invitamos a leche de camella… Hemos inventado también una bebida. Son gente encantadora.
- ¿Pero es que tenéis camella propia y todo?
- Tenemos una.
- Esa tiene una Impertinente. Hay gente que no quiere leche de esa, pue dice que parece semen.
- Por lo espesa que es, sí. Pero sabe a canela. Está muy rica.
- ¿De dónde la sacaste?
- La compré en el desierto.
- ¿Y fuiste al desierto?
- Tuve que ir al Sahara.
- ¿A cómo están de precio?
- No me acuerdo exactamente, pero fue carilla. Ella está encantada en Murcia.
- Para ti, Alfonso X era un mandanga, claro.
- [Se ríe] ¿Por qué? Era muy joven cuando vino aquí.
- Y la Violante, su novia, ¿estaba buena?
- Oficialmente, sí. Estuvieron ahí mismo, en el Castillejo.
- ¿Has tenido problemas con la autoridad eclesiástica, porque algunas moran enseñan medias teticas?
- Ninguno. Tenemos unas relaciones con el Obispado muy buenas, porque hacemos cultura.
- O sea que podría salir el Obispo de cristiano.
- ¿Pero es que eso es malo?
- ¿Lo del Obispo?
- Digo enseñar un poco la tetica.
- No, claro. Hay cristianas que también están buenas.
- Sí, sí. Y, además, les sienta muy bien el traje.
- ¿Tu mujer es más mora que tú, por nacer en Granada?
- Es igual de mora que yo. Pero sí que tiene raíces…
- ¿Qué opinas de la Guardia Mora de Franco?
- Apenas la recuerdo. No sé.
[García, que es más viejo, se lo explica, pero parece que al moro se la repamplinfla]
- Pues la verdad es que sí.
- Después del vino, ¿te apetece un chupetón de opio?
- [Duda] Nunca he tomado.
[García lo convence para ir al despacho del director, que tiene un pitorro de esos, y echar una fumadita]
- ¿Lo prefieres por vía oral o en lavativa?
- [Se descojona] Pienso que sería más interesante por vía oral.
- Según se mire, Alfonso, hijo.
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