Dejando atrás todos los males

Diario de noticias de Gipuzkoa, 25-09-2009

mÁS alto de lo normal para sus diez años, Atoumane se mostró ayer tranquilo a su llegada al aeropuerto de Bilbao, tras 24 horas de viaje desde Senegal, para ser atendido por el Programa de Atenciones Médicas Especializadas (AME) y ser intervenido quirúrgicamente en el Hospital Donostia a causa de un problema maxilofacial que arrastra desde los dos años. En el aeródromo le esperaban las dos familias vascas (una de acogida y otra de apoyo) que lo acogerán en su recuperación, y a las que el pequeño se abrazó sin poder contener el llanto. Pero Atoumane no es el único. Alfonso Roncero, delegado de la ONG Tierra de Hombres – Gizakien lurra en Euskadi, precisaba que son seis ya los casos de menores asistidos en la CAV y que es habitual que lleguen hasta diez o doce los atendidos en todo el año. Además, apuntó que, en muchos de ellos, se requieren más intervenciones, por lo que la estancia puede alargarse hasta los siete meses.

No es el caso, no obstante, de este niño senegalés, de quien se espera que pueda volver a casa en dos meses tras una operación sencilla. “Se procura que los niños no sepan cuánto tiempo van a estar aquí para no crearles ansiedad”, aseguraba, no obstante, Roncero.

El proyecto que ha permitido venir a Atoumane comenzó hace cerca de una década en África con la misión de traer a Euskadi los casos que no pueden tratarse allí por estar carentes de recursos. Para ello, cuenta con 280 voluntarios, incluyendo a las familias de acogida y a quienes realizan turnos hospitalarios. Y, también para ello, Tierra de Hombres tiene un grupo de trabajo en Gipuzkoa, Bizkaia y Álava.

“La familia le ha estado concienciando de que venía a curarse un tiempo limitado y luego regresaría completamente sano a su casa. Pero estos niños no están acostumbrados a tanta expectación y, aunque ha llegado tranquilo, eso le ha hecho derrumbarse, además del cansancio de tantas horas de viaje”, comentaba en el aeropuerto un delegado de la ONG Aviación sin Fronteras, que recogió a Atoumane en París.

Marimar, miembro de una de las familias de acogida, apenas podía contener su entusiasmo. De hecho, fue la más decidida a la hora de dirigirse al niño. “Lo primero que le he dicho es si quería ir al baño e inmediatamente me ha dicho que sí. Le he explicado que va estar en dos casas y que nosotras tenemos tres niños”, señalaba tras hablar con él.

Mientras, la mujer de la segunda familia acariciaba la cara del pequeño y relataba sus ganas de que todo salga bien y de que, una vez recuperado completamente, Atoumane pueda volver sano a su casa.

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