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Insultos a Obama y emigración
La Voz de Galicia, , 22-09-2009Recientemente salió de la cárcel el periodista iraquí que hace un año lanzó un zapato contra Bush, insultándolo por su intervención en Irak. Salió en olor de multitud. Pocos han tenido en cuenta que, por detestado que fuera Bush, el presidente era, en una cultura como la árabe que hace gala de envidiable hospitalidad, un invitado oficial del Gobierno iraquí. Tampoco se ha analizado que si el airado periodista hubiera, años antes, hecho algo parecido contra el dictador Sadam Huseín, habría sido probablemente ejecutado de forma sumaria. El hecho es que se han realizado colectas en su favor, le regalarán un coche, una casa y varios padres de familia le han ofrecido en matrimonio a sus hijas vírgenes.
Distinto recibimiento ha tenido el congresista Joe Wilson, que hace días insultó a Obama cuando este pronunciaba su esperado discurso sobre la controvertida reforma sanitaria en el Congreso. Cuando el presidente, preocupado de tranquilizar a los que aducen que la reforma será muy costosa, aseguraba que los beneficios no se extenderán a los emigrantes ilegales se oyó estentórea la voz de Wilson: «Usted miente». El exabrupto fue un bombazo que ha tenido eco. En el pasado remoto el Congreso estadounidense había vivido escaramuzas violentas, pero lo de Wilson no tenía precedentes. Insultar al jefe del Estado es serio y, por otra parte, la práctica parlamentaria de Gran Bretaña y Estados Unidos tiene abolido el tachar de mentiroso al adversario. Es sabido que Churchill recurría al eufemismo «inexactitud terminológica» cuando quería mostrar la falsedad de algún aserto.
A pesar de que Wilson se disculpó, el incidente trae consecuencias. Unos 550.000 dólares procedentes de donantes avergonzados de todo el país llegaron inmediatamente a la oficina del rival de Wilson en las próximas elecciones para que lo desaloje del puesto. En Carolina, un estado que vota republicano y que izaba hasta el año 2000 la bandera secesionista de la guerra civil, Wilson también tiene partidarios que manifestaban que había sido una grosería, «pero alguien tenía que decirlo». La salida de tono del congresista ha sido muy aireada y explotada por los comentaristas radiofónicos de derecha, especialmente por el popular Russ Limbaugh, según algunos el opositor más eficaz de Obama, quien concluye que el legislador no tenía por qué pedir disculpas y que los «buenos americanos» quieren que Obama fracase. Es aventurado pronosticar el futuro de Wilson en su estado.
El incidente revela lo polarizadora que resulta la legalización de los emigrantes hay un mínimo de 12 millones de ilegales, una cuestión que destroza la disciplina de los partidos. La emigración toca, en algunos sectores, nervios tradicionales: ansiedad racial, preocupación por la identidad nacional? y otros sobrevenidos, como las acusaciones de que la tasa de delincuencia es mayor entre los emigrantes, que la legalización producirá un efecto llamada, etcéteras? Se une ahora, en sectores más amplios, el del coste. La sanidad representa un porcentaje desmesurado del PIB americano, algo que puede devenir insostenible hay 45 millones de personas sin seguro, por lo que uno de los mayores escollos para la aprobación de la reforma es su temido coste. Obama y sus defensores se esfuerzan en mostrar su necesidad y viabilidad y aseguran que los ilegales, que se benefician ya de servicios de primera necesidad, no están acogidos. No hacen declaración de impuestos, elemento básico para beneficiarse. Los detractores no están convencidos. Obama deberá aligerar su propuesta para lograr la promulgación de la ley.
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