Atrapados por las 'maras'

El Correo, OSKAR L. BELATEGUI, 20-09-2009

Acribillado a tiros en un suburbio de San Salvador. Así encontraron hace tres semanas al fotógrafo hispano – francés Christian Poveda, que en el pasado festival de San Sebastián presentó la película que le condenó a muerte, ‘La vida loca’, retrato documental de las ‘maras’, las bandas de pandilleros de México y Centroamérica. Cary Joji Fukunaga (Oakland, EE UU, 1977) también se la ha jugado como Poveda. Se ha subido al techo de los trenes que transportan a los emigrantes ilegales camino de Estados Unidos. Cruzar la frontera mejicana es la última etapa de un viaje de pesadilla, en el que las ‘maras’ extorsionan y matan impunes.

Proyectada en la sección Horizontes latinos, ‘Sin nombre’ (en castellano en el original) no es un documental, sino un largometraje de ficción hecho con dinero americano y mejicano que Universal estrenará en las salas el 30 de octubre. «Demasiada presión. Quizá esperan que haga dinero», reconoce Fukunaga en español, cuyo nombre delata sus exóticos orígenes: su padre es japonés y su madre sueca. Como productores aparecen Diego Luna y Gael García Bernal. «Dan legitimidad a una peli sobre emigrantes hecha por un gringo».

‘Sin nombre’ sigue con canónica estructura de ‘road movie’ el infierno vivido por una adolescente hondureña y otro mejicano en busca del sueño americano. «Tendrías que ver los ojos de estos emigrantes cuando llegan a Estados Unidos. Su mirada delata que han visto muchas cosas». Fukunaga consiguió una beca y se fue a Tapachula a mezclarse con los ‘coyotes’ que guían a los ilegales. Las ‘maras’ le dejaron en paz. «Les dije que no era periodista, sino escritor. Me miraban como a un loco. ¿Qué hacía ese gringo malviviendo en hoteles con putas y cucarachas?».

Muchos emigrantes se sentían «orgullosos» de compartir el techo del tren con un americano. Se repartían la comida y sorteaban el acoso de las ‘maras’. La cinta refleja con ánimo documental las consecuencias del viaje, como las terribles amputaciones que sufren los que se caen del tren en marcha. «Todos los emigrantes con los que hablé ya sabían que las calles de Estados Unidos no tienen adoquines de oro. Pero tienen hijos y no pueden darles de comer, así que no les queda otra salida que jugarse la vida durante 2.000 kilómetros. Creen que están en las manos de Dios y que nada les va a pasar».

Fukunaga no carga las tintas porque, según él, la realidad es mucho más violenta que su película. «No he querido ser sensacionalista, que la violencia distrajera de los personajes». Los miembros de las ‘maras’ ven en YouTube como se comportan bandas de Los Ángeles como los Crips para copiarles vestimenta y actitudes. Fukunaga les recuerda a sus compatriotas su culpa. «No voy a cambiar conciencias, pero al menos durante dos horas conectarán emocionalmente con unos hispanos».

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