INOCENCIO F. ARIAS

Insultos a Obama y emigración

Diario de Navarra, INOCENCIO F. ARIAS ES DIPLOMÁTICO, 17-09-2009

E L martes salió de la cárcel el periodista iraquí que hace un año, con imágenes que dieron la vuelta al mundo, lanzó un zapato contra Bush insultándolo por su intervención en Irak. Sale en olor de multitud.

Pocos han tenido en cuenta que, por detestado que fuera Bush, el presidente era, en una cultura como la árabe que hace gala de envidiable hospitalidad, un invitado oficial del gobierno iraquí. Tampoco se ha analizado que si el airado periodista hubiera, años antes, hecho algo parecido contra el dictador Sadam Husseim habría sido probablemente ejecutado de forma sumaria. El hecho es que se han realizado colectas considerables en su favor, le regalarán un coche, una casa y varios padres de familia le han ofrecido en matrimonio a sus hijas vírgenes.

Distinto recibimiento ha tenido el congresista Joe Wilson que hace días insultó a Obama cuando éste pronunciaba su esperado discurso sobre la controvertida reforma sanitaria en el Congreso. Cuando el presidente, preocupado de tranquilizar a los que aducen que la reforma será muy costosa, aseguraba que los beneficios no se extenderán a los emigrantes ilegales se oyó altisonante la voz de Wilson: “Usted miente”.

El exabrupto fue un bombazo que ha tenido eco. En el pasado remoto el Congreso estadounidense había vivido escaramuzas violentas, un parlamentario mató en duelo a un colega por una disputa política, otro de Carolina del Sur, el estado de Wilson, apaleó gravemente en su escaño a un rival, recientemente Bush y Clinton habían sido abucheados por las bancadas rivales, pero lo de Wilson no tenía precedentes. Insultar al Jefe del Estado es serio y, por otra parte, la práctica parlamentaria de Gran Bretaña y Estados Unidos tienen abolido el tachar de mentiroso al adversario. Es sabido que Churchill recurría al eufemismo “inexactitud terminológica” cuando quería mostrar la falsedad de algún aserto.

Instado probablemente por sus colegas republicanos que se distanciaron educadamente de él, Wilson llamó pronto a la Casa Blanca para disculparse y Obama pasó la página: “Soy un convencido de que todos cometemos errores”. El incidente, con todo, trae consecuencias. Unos 550.000 dólares procedentes de donantes avergonzados de todo el país llegaron inmediatamente a la oficina del rival de Wilson en las próximas elecciones para que lo desaloje del puesto. En Carolina, un estado que vota republicano y que izaba hasta el año 2.000 la bandera secesionista de la guerra civil del XIX, Wilson también tiene partidarios que manifestaban que “había sido una grosería pero alguien tenía que decirlo. Obama quiere hacernos tragar cosas que no podemos admitir”. La salida de tono del congresista ha sido muy aireada y explotada por los comentaristas radiofónicos de derecha, especialmente por el popular Russ Limbaugh, según algunos, el opositor más eficaz de Obama y conductor del programa de mayor audiencia en la nación, quien concluye que el legislador no tenía por qué pedir disculpas y sostiene que los “buenos americanos” quieren que Obama fracase . Es aventurado pronosticar el futuro de Wilson en su Estado.

El incidente revela lo polarizador que resulta la legalización de los emigrantes, una cuestión que destroza la disciplina de los partidos. Bush y McCain propugnaban una regularización ordenada que no deseaban otros republicanos – hay un mínimo de 12 millones de ilegales – y no pudieron llevarla a cabo porque el partido demócrata estaba, a su vez, dividido. La emigración toca, en ciertos medios, nervios tradicionales, ansiedad racial, preocupación por la identidad nacional. y otros sobrevenidos, las acusaciones de que la tasa de delincuencia es mayor entre los emigrantes, que la legalización producirá un efecto llamada etc. Se une ahora en sectores más amplios el del costo. La sanidad representa un porcentaje desmesurado del PIB americano, algo que puede devenir insostenible, por lo que uno de los mayores escollos para la aprobación de la reforma, hay 45 millones de personas sin seguro, es su temido coste. Obama y sus defensores se esfuerzan en mostrar su necesidad y viabilidad y aseguran que los ilegales, que se benefician ya de servicios de primera necesidad, no están acogidos a la misma. No hacen declaración de impuestos elemento básico para beneficiarse. Los detractores no están convencidos, y Obama deberá aligerar su propuesta para lograr la promulgación de la ley

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