"El conflicto vecinal de Errenteria se ha convertido en un cadáver al que todavía se le practica la autopsia"

Diario de noticias de Gipuzkoa, jorge napal, 16-09-2009

donostia. Meses después de la multitudinaria protesta vecinal que tomó las calles de Errenteria reclamando mayor seguridad para el barrio de Iztieta, los habitantes no rebajan ni un ápice sus pretensiones y demandan mayor seguridad. “Yo también la pido, creo que en eso estamos todos de acuerdo”, asegura Rachid El Fadili en una entrevista que tiene lugar a escasos metros del lugar en el que se cometió el presunto intento de agresión sexual que acabó por romper la convivencia.

¿Qué sabe de aquello?

Según la información a la que he tenido acceso, es poco probable que el menor al que se le imputan los hechos protagonizara aquella agresión. Creo que no existió.

¿Ha hablado con el chaval?

He charlado con compañeros suyos, y me han dicho que no fue como se dijo. Yo trabajo como intérprete en la Fiscalía de Menores y la mayor parte de delitos cometidos por la comunidad magrebí pasan por mis manos. Éste no ha sido el caso.

¿Qué lectura hace entonces de lo ocurrido? Parece dejar caer que aquel caso, de alguna manera, fue utilizado con otros fines.

No es momento de echar más leña al fuego. Lo que más interesa ahora es aunar posturas y encontrar puntos en común. No queremos buscar más follones ni acusar a nadie.

El servicio de mediación del Gobierno Vasco ya ha tenido ocasión de recoger buena parte de las quejas vecinales que darán paso a un sosegado estudio de la situación. ¿Qué valoración hace del trabajo que se viene desarrollando?

Los mediadores están realizando un buen trabajo. Cada vecino ha podido plasmar sus preocupaciones, y dentro de ellas, hay quien hace mención expresa al conflicto, pero otros muchos plantean cuestiones que nada tienen que ver con nosotros sino más bien con cuestiones de tipo urbanístico.

Pero una de las principales reclamaciones es dotar de mayor vigilancia policial al barrio.

En ese punto estoy de acuerdo, yo también lo suscribo. Vivir una vida lo más normal posible y protegido de cualquier amenaza nos gusta a todos.

La mayor vigilancia se solicita para evitar, sobre el papel, delitos cometidos presuntamente por algunos miembros de su comunidad…

Opiniones y acusaciones de esa naturaleza no contribuyen a nada. Eso no es cierto. Sólo es una pequeña parte de la comunidad marroquí la que no está integrada, aunque del resto de miembros de otros países no me responsabilizo. En todo caso, más allá de la reclamación de seguridad, lo que está saliendo a flote son las quejas de orden urbanístico que se arrastran en el barrio desde hace años.

Pero es de suponer que nadie culpa de ello a su comunidad.

Ya, pero al final todo se mezcla. Estos meses atrás ha habido muchos malentendidos, por ejemplo, con los carteles colocados en la mezquita y otros lugares. En ese punto están haciendo un trabajo muy interesante los técnicos y el servicio de intermediación. Hace falta formar e informar a las dos partes.

¿Tiene la sensación de que, de alguna manera, se ha utilizado este conflicto para otros intereses que no guardan relación con un problema de convivencia?

Sinceramente, en parte, así lo veo. Nadie habla de lo que hace la mayor parte de la comunidad, que no es otra cosa que trabajar.

¿Y cómo es la convivencia meses después de que saltara la discordia?

Aunque he tenido que estar fuera, me he mantenido en contacto telefónico con la comunidad magrebí que regenta los locutorios y me dicen que la situación se ha tranquilizado. Las cosas van por buen camino. El conflicto vecinal de Errenteria se ha convertido en un cadáver al que todavía se está practicando la autopsia para saber qué pasa. De hecho, es una pregunta que he trasladado con mucho interés al equipo de mediadores. Queremos saber qué es lo que ha fallado.

Tras hallar ese cadáver, como dice usted metafóricamente, el Consistorio se comprometió a examinar las condiciones en las que se explotan los locutorios. Una medida que a usted no le hizo ninguna gracia.

Es que si damos ese paso, habría que investigar todos los locales. Los miembros de mi comunidad están dispuestos a hacerlo, saben que tienen derechos igual que obligaciones, pero duele que esta medida se tome sólo con nosotros.

¿Tiene constancia de que algún local acoja actividades ilícitas?

No, y además todo lo ocurrido ha dejado una imagen negativa en buena parte del sector, lo que en algunos casos ha motivado un descenso en el número de clientes.

¿Se sigue traficando con droga?

(Sonríe) Estamos hablando de un problema mundial. Hay quienes para garantizar su consumo trafican algo. Es una parte mínima la que no está integrada, y es necesario un análisis detallado para saber por qué.

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