«Rumano de mierda, te vamos a quemar»
El Mundo, , 16-09-2009Sucesos. Cinco jóvenes detenidos por la muerte de un inmigrante, al que supuestamente patearon y pisaron la cabeza Era grandote como un olmo centenario, 33 años de tío «noble» y, cada vez que andaba de fiesta, le salía a modo de voz la bocina de un buque. Iba a cumplir dos otoños en España y, para sus amigos más cercanos, el albañil rumano que asesinaron a patadas el viernes en el municipio madrileño de La Cabrera, era como un Robin Hood.
Aquella madrugada andaba sentado en un banco de la plaza contando estrellas, lata de cerveza en mano junto a Dumi, el colega de las piernas de trapo desde que cayó del andamio. Hasta que la noche salió cruz y se les vino el cielo entero encima.
Los cinco chicos de entre 19 y 25 años que venían de montarla en tres bares del pueblo, asomaron por allí, les insultaron y hubo alguna chispa sin determinar que nadie vio, pero que amenazaba incendio. Luego los cinco volvieron con unos cubatas en la mano y bidones de gasolina por lengua.
- Rumano de mierda, te vamos a quemar.
Lo abordaron con un «tú, levántate», se liaron a golpes con Gigi Musat, le dieron un puñetazo que le tiró al pavimento y hubo rehala rabiosa. No, no lo quemaron. Tres de ellos le patearon la cabeza tratando de aplastarle el cráneo hasta matarlo allí mismo.
El crimen fue poco antes de las dos de la madrugada del pasado viernes, su brutalidad ha impactado a los pueblos de la llamada Sierra Pobre y, de momento, se ha saldado con un silencio llamativo y con dos de los cinco jóvenes detenidos en prisión, quienes ayer formaban parte de una rueda de reconocimiento en el Juzgado de Torrelaguna para ponerle cara al monstruo.
Dumi lo vio todo paralizado a pie de barbarie, agarrado a sus muletas como aquel náufrago que se ahogaba y apretaba mucho los remos no sabiendo para qué. Se iban ya. Pero con el cuerpo sin vida de Gigi en mitad de la plaza, uno de los cinco se volvió.
- Tú, hijo de puta, llama a los médicos que a ver si encima lo vamos a haber matado.
A pesar del mutismo, este periódico ha reconstruido lo sucedido gracias a los testimonios de diversos testigos del asesinato. Allí permanecía ayer en la plaza de La Cabrera un altar improvisado con la imagen de Gigi y unas flores de plástico a los pies de un árbol añoso.
«Escuché voces altas, como de bronca. Y vi a varios de esos chicos dándole voces a Gigi», recuerda un testigo casual de lo ocurrido. «Le tiraban de la camiseta, empujándole, le decían que le iban a quemar, le decían de todo, rumano de mierda, hijo de tal… Poco a poco, le empujaron debajo de los soportales. El rumano salió corriendo y, de la carrera, se le salieron las chanclas y allí quedaron. Había dos que eran más hostiles que el resto, corpulentos, con una estética skin», señala. «Al rato volví a oír golpes y jaleo. El chico rumano quería huir y se daba la vuelta, pero le cerraban el paso por detrás. Al final, el pobre les decía: ‘Venga, la mano y amigos’. Pero nada».
Dumi cuenta que él nada pudo hacer porque, desde aquel accidente de trabajo que tuvo en 2005, basta «el empujón de una niña», explica, para dar con sus huesos en el suelo. «Del puñetazo cayó, y allí le empezaron a pisar la cabeza, estuvieron un buen rato dándole. Yo miraba. Cuando me acerqué, intenté hablar con él y nada. Ya estaba muerto».
Por el pueblo se ha visto a familiares de los cinco jóvenes que fueron detenidos el sábado haciendo preguntas. Hay quien denuncia que la gente no intervino en defensa del chico. Su amigo cuenta estrellas solo y ahí queda Costel, el hermano del alma, sin dinero suficiente para repatriar a Rumanía el cuerpo de Gigi. Fue Costel el que tuvo que llamar a su madre el viernes para contarle la muerte del mayor. La mujer se desmayó bramando por Gigi. Acertó a articular tres palabras: «Traédmelo a casa».
Su amigo Gustavo, compañero de billar, ha colgado un cartel en el lugar donde lo mataron. Lo escribió desde dentro y dice así: «Nos hemos divertido juntos. Hoy siento que ha sido muy poco tiempo. Seguiré viendo tu brazo de Robin Hood y sonriéndome al cruzarnos. Perdemos todos. Ya eres más sabio que todos nosotros; ya conoces la otra orilla. Fuiste, y tan sólo siendo tú, te lo agradecemos».
7.000 euros para repatriar el cadáver
>La senda de la esperanza la cogió antes que nadie su hermano Costel, que en 2005 vino a España a jugársela en la ruleta de la vida.
>El coste de la repatriación asciende a los 7.000 euros y los amigos conocedores del problema se han puesto manos a la obra a recaudar para ayudar a Costel Musat a devolver a su hermano a Rumanía. En La Cabrera se llevan recogidos 3.800 euros. En la vecina Torrelaguna, cinco. .
>«Vamos a hacer lo posible para que no sigan las presiones a los testigos, como está pasando», comenta Antonio Alberca, abogado penalista encargado de la acusación particular. «Produce estupor que a esta familia le esté fallando la asistencia social y tengan que andar mendigando para repatriar el cadáver».
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