CHARO LÓPEZ Y EUSEBIO LÁZARO / ACTORES
«Las fronteras son trágicas y ridículas»
El Mundo, , 07-09-2009Se enfrentan a una tragicomedia rebosante de humor cuya temática es sangrante: la guerra, las fronteras, los nacionalismos, el odio, la venganza… A priori no parece que se pueda esbozar una sonrisa con estas premisas y, sin embargo, Ariel Dorfman con su irónica pluma, firma un texto con humor que provoca y hace pensar. Ellos, Charo López y Eusebio Lázaro, son los culpables de ponerle piel a esta historia.
Pregunta. – ¿Qué es El otro lado?
Eusebio Lázaro. – El otro lado es donde estamos siempre. Siempre estamos en el otro lado de algo.
Charo López. – Somos el otro lado de los demás.
P. – Moraleja, que absurda es una guerra, ¿llegará el día que se acaben?
Ch. L. – No, las guerras van a continuar. No hay porqué tener esperanza.
E. L. – La esperanza es lo último que se pierde. La guerra es consustancial con el ser humano. Hemos salido un bicho belicoso. Hay teóricos que dicen que las guerras son necesarias. Supongo que serán los que las hacen, dicen que son necesarias para evitar la superpoblación.
Ch. L. – ¿Y no sería más fácil que dieran antibabys?
E. L. – Sería más fácil, Pero, para centrarnos, hoy en día es imposible parar las guerras. A veces, la movilización de la gente y la conciencia han contribuido a que se terminen antes o, incluso, a que no se inicien.
P. – La última no pudimos.
E. L. – No, no pudimos.
Ch. L. – Y mira las consecuencias tremendas que ha traído esa guerra.
E. L. – Pero sirvió para evidenciar que, una vez ocurrido el hecho infame, los protagonistas de esa guerra quedaran como infames. Se ha cumplido lo que todo el mundo sensato vaticinó. Por mucho que se dejen el pelo más largo o se pongan las botas de vaquero, ha servido para desvelar la infamia. La movilización y la denuncia nunca deben faltar.
P. – ¿La guerra es cosa de hombres?
Ch. L. – No creo que la guerra sea cosa de hombres, el fútbol es de hombres, las peleas son de hombres, el poder lo han tenido tradicionalmente los hombres y ellos ha decidido dónde se hacen las guerras, qué etnias hay que destruir, a qué mujeres no hay que dar de comer si no hacen el amor, a quiénes lapidan, pero no quiere decir que el mundo hoy en día sea machista. Creo que estamos progresando en ese camino, la mujer está ganando muchísimo. En mi profesión los hombres machistas son señalados con un dedo.
E. L. – Yo querría añadir una cosa aquí. Las guerras las hacen los seres humanos y las mujeres cuando han podido las han hecho también. A la señora Thatcher no le tembló el pulso en la guerra de las Malvinas.
P. – Las fronteras son ridículas, sobre todo cuando se vive en ellas.
E. L. – Se prestan un poco al ridículo, por eso en esta obra Ariel ha hecho una cosa interesante, le ha dado un tono tragicómico. Ariel resalta la parte absurda y grotesca de las decisiones de la guerra. Las fronteras son tremendas, ridículas y terribles.
P. – Violeta Friedman, viendo La vida es bella, me dijo: «La película es maravillosa, pero no se puede hacer comedia de una tragedia».
E. L. – ¡Qué duro! Esto es diferente. En la película está metida la comedia dentro de un campo de concentración, el ser humano está en una situación límite. Los personajes de nuestra obra están en medio de un conflicto bélico.
Ch. L. – Disiento absolutamente de eso. Creo que de todas las situaciones de la vida se puede sacar una sonrisa. En todos los momentos dramáticos de la vida puede haber un instante con sentido del humor.
P. – ¿El nacionalismo se cura viajando?
E. L. – Eso dicen. Yo conozco muchos que viajan y siguen con su pertinaz nacionalismo. La derecha española tiene dinero para viajar y sigue siendo nacionalista.
Ch. L. – Los nacionalismos se curan leyendo.
P. – La obra también se pasea por la memoria histórica. ¿Un pueblo que olvida su pasado está destinado a repetirlo?
Ch. L. – Ésa es una frase que está bien, pero poco tiene que ver con esta situación. Se trata de un matrimonio al que le han encargado, para sobrevivir y comer, que entierren a los muertos, que los ordenen y que tengan una serie de datos para poder clasificarlos cuando lleguen sus familiares. Si hubieran hecho eso aquí mira qué pocos problemas habría con la memoria histórica.
P. – ¿De verdad que el que no está en la tele no existe?
Ch. L. – Sí, en este país y en todos. Lo he dicho muchas veces. A mí una mujer me dijo: «Anda, si yo creí que usted se había muerto». El precio de no estar es alto.
E. L. – Si no estás en la tele no existes, en lo que mucha gente piensa que es existir. A lo mejor existes en algo mucho más rico. A mí me encanta poder hacer lo que me da la gana. Esto es una carrera muy difícil y muy de fondo. Yo trabajo en televisión, como decía Buñuel, para trabajos alimentarios.
P. – ¿Qué le aporta el paso del tiempo?
E. L. – Arrugas.
Ch. L. – Lo que voy a decir es una chulería, pero si me estancase donde estoy, es el mejor momento de mi vida. Me siento muy cómoda. Ya sé que estoy muy gorda, que gusto menos… Estoy encantada. Sé de la vida mucho, es más, no quiero saber más. Me siento en un buen momento, lo que pasa es que desde esta altura, en lugar de ir a bautizos, bodas y comuniones vas a los entierros, a los tanatorios y a los hospitales. Es lo único malo que tiene. Por lo demás, es muy cómoda, te respeta la gente, te permiten cosas que a una jovencita no le permitirían y eso da un gusto… No me cambiaba ahora ni por los 40, ni por los 50, ni por los 30.
E. L. – A mí sí me preocupa el problema del tiempo de una manera metafísica. Eso que Caballero Bonald decía: «Somos el tiempo que nos queda». A mí me estimula mucho eso del tiempo y la memoria. Sin memoria, no hay tiempo.
P. – ¿Y profesionalmente?
E. L. – Soy una persona dispersa. Hace tiempo que decidí que no quería llegar a nada. Son tantos tributos los que hay que pagar que decidí ser libre y procurar que la sociedad no me apriete las clavijas.
Ch. L. – Es la única persona que conozco que hace realmente lo que le da la gana. Es la persona más libre que conozco. Para mí es todo lo contrario, soy una esclava del trabajo. No tengo libertad y si no trabajo dos meses, sin saber por qué me lleno de culpa.
P. – Un rincón para perderse en Madrid.
Ch. L. – Yooo…… ( dudas).
E. L. – ¡Qué poco nos perdemos Charo!
Ch. L. – El Madrid de los Austrias, que me lo ha enseñado muy bien Eusebio.
E. L. – Me disperso tanto que siempre estoy perdido.
Él dice de ella
>Defina a Charo en pocas palabras. Las diosas nunca mueren. Es un poco diosa bifronte.
>Una virtud. Es enormemente graciosa y divertida.
>Un defecto. En petit comité es menos divertida.
>Cómo es como productora. Es muy delicada. Resulta muy difícil tener poder y ejercerlo. Ella pone el dinero encima de la mesa y se lo juega.
Ella dice de él
>Defina a Eusebio en pocas palabras. Da mucha seguridad. Sabe muy bien lo que quiere para él y para los demás.
>Una virtud. Admiro su inteligencia, es buen padre y buen hijo.
>Un defecto. Es un poco cascarrabias.
>Cómo es como director. Es muy generoso y me ha enseñado muchas cosas y sobre todo a confiar en él.
Sonrisas en mitad del drama
Charo López y Eusebio Lázaro traen al Teatro Fernán Gómez de Madrid El otro lado, de Ariel Dorfman, una «tierna» tragicomedia que aborda el absurdo de la guerra y las fronteras. Así lo explicó esta pareja de actores, que además ejercen de director y productora, a quienes se suma en el montaje José Luis Torrijo. La función, que levanta el telón mañana 8 de septiembre y lo baja el 4 de octubre, recrea la vida de un matrimonio que habita una humilde cabaña y cuya labor es identificar y enterrar soldados caídos a diario en un combate que tiene lugar en la hipotética frontera de dos países. Su rutina es interrumpida por un soldado que aterriza en la casa y traza una línea fronteriza justo por medio de la cama de la pareja.
El otro lado se estrena mañana en el Teatro Fernán – Gómez (Plaza de Colón, s/n)
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Vídeo:
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