«Le pillé robándome la cartera, pero ya está en la calle»
ABC, , 03-09-2009Hay historias rocambolescas, pero, por increíbles que parezcan, la realidad siempre admite un giro más. Una de ellas es la peripecia de los últimos días del teniente de la Guardia Civil José Francisco Ruiz.
Porque no es muy común que a un guardia civil le roben la cartera en el Metro, que se percate de ello y que retenga al ladrón, inmovilizando el convoy tras accionar el freno de emergencia. Como tampoco lo es que el guardia en cuestión esté de baja por un trastorno psicológico que él niega y que lleve varias noches acampado frente al Ministerio del Interior para protestar por lo que califica como «acoso laboral» de sus superiores. Lo que sí es más frecuente es que, como ha ocurrido en este caso, el ratero de turno esté en la calle tras un fugaz paso por comisaría.
No ha sido su protesta lo que ha hecho que los medios de comunicación se fijen en él, sino su «hazaña» en el suburbano. Eran las ocho y media de la mañana y, pertrechado con la gruesa mochila en la que acarrea su panoplia reivindicativa, el teniente Ruiz viajaba en un tren de la línea 10. De pronto notó que alguien hurgaba en los bolsillos exteriores de su macuto.
Ruiz comprobó entonces que le habían afanado la cartera. Recurriendo a un olfato policial que no parece oxidado tras su prolongada inactividad, se giró y, tras un vistazo al pasaje del vagón, pronto identificó al ladrón. Un tipo que se apoyaba en una muleta y que ocultaba bajo un periódico la cartera. Este se identificó como guardia civil y comunicó su detención al agresor. «Estoy de baja, pero la ley me obliga a intervenir si presencio un hecho delictivo».
Numerosos antecedentes
El carterista, un rumano de 43 años con numerosos antecedentes policiales, no opuso resistencia. «Esta gente sabe que la ley es muy benévola con ellos y no les compensa oponerse». Al llegar a la siguiente estación, Ruiz impidió que el tren reanudara la marcha tirando del freno de emergencia. En tres minutos, según cuenta el propio Ruiz, ya estaban allí los agentes de la Policía Nacional que se llevaron detenido al ladrón entre comentarios y aplausos de los viajeros. «Decían que ojalá hubiera más vigilancia». Ahora Ruiz tiene una citación para el juicio sobre el hurto frustrado y la esperanza de que su tirón mediático le sirva para que le dejen volver a trabajar.
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