Vuelven para empezar una nueva vida junto a su familia en Ecuador

El Universo, 02-09-2009

La razón para volver a Ecuador de Rubí Quiguango tiene un rostro angelical y una mirada con un punto de tristeza.

La pequeña que ella dejó antes de partir a España con un año recién cumplido, se acerca hoy a la adolescencia. Rubí la mira y los bordes de sus ojos se enrojecen. No llora. Trata de templar los ánimos, pero su voz se quiebra por segundos mientras bucea en la memoria.

Escuchó las primeras palabras de Deyaneira, su hija, por teléfono.  La vio crecer en fotos. Se perdió sus cumpleaños, su primer día de clases. “La abandoné diez años”, exclama la ibarreña en medio de un torbellino de sensaciones. Y su voz evidencia arrepentimiento. “Cuánto tiempo perdido”, se lamenta.

Los abuelos de Deyaneira se convirtieron en sus padres durante todo este tiempo. Le ayudaron a dar sus primeros pasos. Cuidaron de ella cuando enfermó. Para la pequeña, sus abuelos lo han sido todo. Por eso, a Rubí el reencuentro le produjo tanto miedo.

Se acomodó en el asiento del avión de regreso a Ecuador, ese país del que un día emigró para probar suerte en España, con el corazón encogido. Le temblaban las piernas. “Nunca había estado tan nerviosa, ni cuando me fui para allá”, comenta.

En Madrid permanece aún su esposo, Pablo Rosero, a la espera de cobrar una indemnización en la empresa en la que laboraba y que quebró por la recesión económica.

Rubí se enfrentó sola al reencuentro con esa hija a la que en una década apenas pudo visitar un par de veces. Se vieron y se fundieron en un abrazo que hoy recuerda con las manos bañadas en sudor.

Los nervios no se han esfumado.  Es el momento de unir las piezas de una historia familiar que quedó truncada diez años atrás. Volver a empezar.

Los Rosero – Quiguango no intentaron reagrupar a Deyaneira. Antes de  emigrar, Rubí regentaba una peluquería en Ibarra.

En Madrid, la emigrante se convirtió en una experta cristalera. Llegó a ganar hasta 1.800 euros (unos 2.520 dólares) a cambio de jornadas diarias extenuantes de 16 horas, de lunes a domingo (descansaba solo un día a la semana).

Es la historia de muchos inmigrantes. “Con tanto trabajo no hubiéramos podido dedicarle tiempo a la niña. Reagruparla hubiera sido más traumático”, sostiene.

Cuando el Gobierno español anunció la puesta en marcha del plan de retorno voluntario (aprobado en septiembre  del 2008) para los desempleados extranjeros, Rubí negoció su despido.

“Por la crisis, el salario de 1.800 euros que cobraba se redujo a 750 (1.050 dólares), ya no tenía sentido seguir así”, relata la mujer.

Ella prefirió poner punto final a esos años de trabajo infinito, de soledad inmensa en un país  hoy afectado por el desempleo, con  el 18,5% de la población activa sin trabajo, la tasa más alta en la Eurozona, lo que evidencia la  fragilidad de la recuperación económica.

Rubí capitalizó la prestación por desempleo que recibía en España y regresó a Ecuador con 25 mil dólares en el bolsillo.

No se trata de un fracaso en su proyecto migratorio, aclara. Para ella es el fin de una etapa. En Ibarra la espera una familia por recuperar y abrir una nueva peluquería.

Más datos: El trámite
Ayudas adicionales
El Gobierno español cubre el costo de los billetes de avión para quienes lo soliciten. Se entrega, además, una ayuda de 50 euros (70 dólares) por persona para gastos de viaje.

El procedimiento
Una vez llegados a Ecuador, la personas que han retornado deberán acercarse a la Consejería de Trabajo de la Embajada de España, ubicada en Quito.

Los que tienen hijos
Quienes tienen hijos menores de edad españoles deben inscribirlos en el registro de matrícula consular en la legación diplomática.

En otras provincias
Si residen en las provincias de Azuay, Cañar, El Oro, Galápagos, Guayas, Loja, Los Ríos, Manabí, Santa Elena y Zamora Chinchipe la solicitud se presentará en el consulado en Guayaquil.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)