Belén Amaro: «Llegan personas, no sacos de trigo»

Desde hace cinco años, Amaro defiende los derechos de los refugiados, que se ven empujados a huir de una muerte segura en su país

Diario Sur, LAURA GALDEANO, 01-09-2009

Huyen de la guerra, del hambre y de condenas a muerte. Belén Amaro es una de las abogadas de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Málaga y cada día se enfrenta a las duras historias de aquellos que buscan asilo en España. En 2008, sólo se concedieron 200 de estos permisos de entre más de veinte mil peticiones.

¿Cuál es el perfil del refugiado que llega a Málaga?

No hay un perfil claro, pero los subsaharianos son los más números porque nuestra situación geográfica nos condiciona. Vienen muchas personas huyendo de la guerra de Somalia y mujeres argelinas que son madres solteras o están embarazadas.

¿Esta situación ha sido siempre así?

Hay un nuevo perfil. Se trata de personas que por su orientación sexual o por sufrir violencia de género se les ha concedido el asilo en España. En este año se están estudiando tres casos de este tipo.

¿Cómo llegan hasta Málaga?

Para pedir asilo tienen que estar en territorio español, no lo pueden hacer a través de la embajada. No es lo mismo una persona que viene de Costa de Marfil y va subiendo África hasta llegar en patera, que si vienen de Afganistán, Rusia o Irán, que lo harán en avión como turistas o con pasaporte falso.

¿Es cada vez más dura la ley que regula el asilo?

En el último año hay menos del 5% de solicitudes de asilo a las que se le ha dado el estatuto. Es un derecho complejo porque hay que acreditar que si te quedas en tu país te matan. La mayoría de las veces no tienen las pruebas suficientes o no saben explicar todos los detalles.

¿Qué se encuentra el inmigrante que llega en patera huyendo de situaciones límite?

Desde que salen de su país hasta que llegan a España pueden pasar hasta dos años. En ese periodo tienen la vista puesta en Europa y creen que lo van a tener todo. En cambio, lo primero que encuentran es a la policía que les lleva a un centro de internamiento y que les dice que los van a expulsar a su país. El ‘shock’ psicológico es tremendo.

¿Hay algún caso que le haya impactado especialmente?

Me han impresionado muchos casos, sobre todo de mujeres. No porque yo sea mujer, sino porque cuando te dedicas a esto ves lo poco que vale la mujer en algunos países. A veces tienen menos valor que una cabra, porque para ellos la cabra es productiva y la mujer, no.

Como abogada, ¿se ha encontrado con muchas injusticias?

De tanto ver pateras, sólo vemos que llega un cargamento y que esa mercancía no se puede quedar en el país. Lo que llegan son personas, no sacos de trigo. Llega un ‘cargamento’ de gente a la que le han matado a su familia, han sido utilizados como avanzadilla por la etnia contraria o mujeres que han trabajado como animales de carga o esclavas sexuales.

¿Es una lucha muy humana?

Nos hemos acostumbrado tanto a ver pateras que se ha perdido la sensibilidad. Como abogada, trabajar con personas me satisface muchísimo y más cuando consigues algo, porque al final es como luchar contra la legislación de un país, pero de forma limpia y democrática. Cuando consigues que a una mujer le den el asilo porque en su país se ha negado a que le practiquen la ablación a su hija, que es algo tan arcaico, es darle en las narices a ese estado.

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