Conmoción por asesinato de médico guatemalteco en EE.UU.
Prensa Libre, 29-08-2009
Houston. El asesinato del guatemalteco Jorge Mario González, perpetrado el 15 de agosto último, conmocionó a la población de esta ciudad, en donde era un prominente médico del Hospital Metodista.
El crimen causó conmoción en esta ciudad y afectó a familiares y amigos de González, informa un cable de la agencia AP.
“Podría decir que él estaba muy comprometido con sus pacientes”, expresó A. Osama Gaber, director del Centro de Trasplantes y vicepresidente de cirugía del referido hospital.
“Nunca renunciaba a ellos. Siempre hacía lo mejor que sabía; era un médico genuino”, agregó.
En la última mañana de su vida, el 15 de agosto recién pasado, González condujo su vehículo hasta su amada granja de Four Oaks, de 12 hectáreas, en Texas, acompañado de su esposa, embarazada, y su hijo de 21 meses.
Ahí, justo en las afueras del pequeño poblado de Bellville, el profesional, de 56 años, quien atendía en Houston, podía alejarse de las presiones de su trabajo como jefe de terapia intensiva en el Hospital Metodista.
González alternaba ese empleo con su desempeño en consultas e investigaciones privadas. Pero en la finca se concentraba sólo en alimentar al ganado, cortar la grama y cuidar de los árboles.
Era un fin de semana de rutina para el inmigrante guatemalteco, quien se había ganado reputación como uno de los mejores médicos de la ciudad, especializado en neumología, y quien saludaba a los colegas con una amplia sonrisa, sin negarse jamás a pasar horas junto a la cama de un paciente.
Pero ese 15 de agosto, la visita a la finca se vio alterada por el ruido de disparos, cuando cuatro personas, que al parecer trataban de robar en la casa del facultativo, sorprendieron a la familia poco después de que llegara.
González murió en el lugar, y un empleado de la finca resultó herido. Charleen, la esposa del médico, llamó al servicio de emergencias mientras se ocultaba de los intrusos, con Mario, su hijo. La mujer y el niño salieron ilesos.
Mientras la Policía de Bellville recorría la carretera a Four Oaks, vio dos vehículos que salían a toda velocidad de la propiedad enrejada, relató el sargento Paul Faircloth, del departamento del Alguacil del condado de Austin. Uno de los sospechosos abrió fuego contra la autoridad, sin acertar.
“El mayor pasatiempo de mi esposo era la hacienda. Era su pasión”, recordó Charleen González, bióloga molecular, de 29 años, quien se encargaba de administrar el consultorio de su marido y de practicar sus pruebas de investigación clínica. “Él nunca tuvo miedo de nada aquí. Es el tipo de lugar donde uno no tiene que cerrar la puerta con candado”, expresó.
Con una población de unos cuatro mil habitantes, Bellville se convierte rápidamente en la comunidad – dormitorio de Houston, explicó Faircloth. Sin embargo, permanece tranquila y aislada, lo cual atrajo a González, según Charleen, quien se casó con él hacía dos años.
La pareja recorría los 96 kilómetros desde Houston cada sábado, justo después de que González completaba sus turnos en el Metodista.
El día del ataque escuchaban Wish You Were Here, una melancólica balada country de Mark Wills, que según recuerda Charleen, la hizo llorar. Quizás fue un presentimiento.
Hacía tres años, el facultativo asumió el puesto de jefe de cuidados intensivos del Metodista. Como parte de sus prácticas y consultas privadas, tenía previsto comenzar una serie de investigaciones clínicas el mes próximo, afirmó su esposa.
“Cuando tenía algo importante que decir, se acercaba y decía: ‘Somos una familia’. Eso es lo que yo recuerdo”, expresó Gaber.
AP
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