CRIMEN EN LA CALLE ORENSE
Segundo asesinato en Tetuán este año de un dominicano
El Mundo, , 29-08-2009Luisito, de 22 años, fue tiroteado el mes de marzo por un vigilante de seguridad El joven dominicano asesinado ayer es el segundo que muere violentamente en el distrito madrileño de Tetuán en lo que va de año. Sólo 200 o 300 metros separan los lugares donde se han producido ambos crímenes.
Luisito, un dominicano de 22 años, fue asesinado de un tiro el pasado mes de marzo en Tetuán por un vigilante de seguridad. El presunto criminal acudió a comprar droga a la zona el viernes por la noche, pero no encontró a nadie que le vendiese. Desesperado y muy nervioso, se cruzó con Luisito. Le pidió polvo blanco y éste le dijo que no vendía. El vigilante le descerrajó dos tiros en la nuca y por la espalda en la calle de Topete. El presunto asesino, Luis Carlos P. P., de 38 años, ingresó en prisión. Según los investigadores, poseía una licencia de tiro olímpico que le permitía llevar armas. La pistola homicida era una HK. El detenido dijo a los policías que había discutido con varios dominicanos cuando salía de su casa y poco después se había visto rodeado por cuatro o cinco de ellos. Sin embargo, los amigos del fallecido contaron que fue un crimen cruel y a sangre fría. «No hubo motivos para matarle. El hombre se acercó a Luis y le pidió que le vendiera droga. Entonces, él contestó que no se dedicaba a trapichear y discutieron. Luego lo mató de un tiro». La misma noche del crimen los dominicanos se concentraron a las puertas de la comisaría de Tetuán, en la plaza de La Remonta. Fue necesaria la presencia de los agentes de la UIP (antiguos antidisturbios) para apaciguar los ánimos.
Al día siguiente, la comunidad dominicana prosiguió con las protestas y se movilizó ante la sospecha de que el vigilante abandonase pronto la cárcel bajo miles de excusas. Salieron a la calle varios días pidiendo justicia y el máximo castigo para el presunto asesino.
La comunidad dominicana en Madrid, una de las primeras en instalarse en la capital, mantuvo que existía una gran similitud entre la muerte del joven y la de su compatriota Lucrecia Pérez, asesinada en el barrio de Aravaca en un crimen racista ocurrido en 1992.
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