Muchos de los 80.000 musulmanes que trabajan en Cataluña se enfrentan a calurosas jornadas durante el Ramadán. Su objetivo es «sobrevivir» con la ayuda de sus patrones

Un mes de estricto ayuno bajo el sol

La Razón, 25-08-2009

Este año, y los cinco   siguientes, el Ramadán se celebra en los meses de días más largos y temperaturas más altas.

barcelona –   Son las 12.30 horas del primer día laborable desde el inicio del Ramadán –el sábado pasado–, y las obras paradas en Barcelona durante el fin de semana vuelven a estar activas. El sol se desploma sobre las calles y el calor aprieta pese a la tregua concedida por el viento. «De momento, estamos bien, pero no sabemos lo que sentiremos», dice Abdul Kadar.
De origen marroquí, Abdul tiene 40 años y desde hace tres reside en Barcelona. Como el resto de los 80.000 musulmanes empleados en Cataluña, se enfrenta a un mes de estricto ayuno, entre el alba y la puesta de sol, y de trabajo. Él, además, lo hará a pleno sol, en la obra, de las 8.00 horas a las 19.00 horas con una hora de descanso.
Y es que, este año, el noveno mes del calendario islámico (lunar), periodo de Ramadán, recae en verano, cuando los días son más largos y las temperaturas más altas. El año pasado la abstinencia empezó a principios de septiembre. «La primera semana fue muy dura», asegura Abdul,  aunque, como entonces,  esta vez también piensa cumplir a rajatabla las exigencias del mes de purificación espiritual y física: no comer, no beber, no fumar, no mantener relaciones sexuales y no tener ni expresar pensamientos impuros, entre la salida y la puesta del sol. Sin embargo, uno de sus compañeros (quiso preservar su anonimato) no lo tiene tan claro. Éste afirma que si «me siento mal beberé un poco de agua», lo justo para recuperarse eso sí, o volverá a casa. Ambos coinciden en reconocer la compresión de sus patrones.
De hecho, tras la primera jornada laboral y de ayuno, «no hemos recibido ninguna reclamación», asegura el coordinador del Consejo Islámico y Cultural de Cataluña, Jamal El – Attouaki. «Los empleados y sus jefes han llegado a acuerdos previos, de jornada intensiva, partida o de vacaciones», explica El – Attouaki y añade que «la situación –hoy por hoy– está bastante normalizada». Tampoco tiene constancia El – Attaouki de que ningún fiel haya acudido, de momento, a un servicio de Urgencias a causa de los efectos de la abstinencia.
Los más de 300.000 musulmanes que viven en Cataluña están mentalizados, desde mucho antes del pasado sábado, de la necesidad de dosificar fuerzas, evitar llegar al límite físico y controlar la mente durante 30 días seguidos. Aunque el calor exige, este año y los próximos cinco, un sobreesfuerzo.
Abdul Badir, de 18 años y nacido en Bangladesh, no trabaja bajo el sol, pero sí ante los fogones de uno de los restaurantes de la rambla del Raval. Es el segundo año que practica el Ramadán y dice, blandiendo una tímida sonrisa, que «de momento, sobrevivo». Cocina desde las 16.00 horas hasta las 24.00 horas. No es fácil abstenerse de beber y de comer cuando se suda la gota gorda frente al fuego y se preparan platos para otros. Abdul habla de la utilidad de este rito, «porque se piensa en los que no tienen nada» aunque al final se emociona hablando de la fiesta de culminación del Ramadán.

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