El Ramadán catalán
Al menos un cuarto de millón de musulmanes celebra estos días en Catalunya el mes sagrado del islam Magrebíes, pakistaníes, subsaharianos..., todos creen que es un sacrificio destinado a la superación personal
La Vanguardia, , 23-08-2009LUIS BENVENUTY – Barcelona
Al menos un cuarto de millón de musulmanes celebra estos días en Catalunya el Ramadán. La cifra es una estimación según los inmigrantes de países donde sobre todo se profesa el islam. No hay cuantificación oficial sobre esta variopinta población de marroquíes, pakistaníes, senegales, gambianos, argelinos, hijos de inmigrantes nacidos aquí, catalanes conversos, partidarios del diálogo interreligioso, ultrapuritanos que consideran a la mujer un ser inferior, pacifistas, enemigos de la pobreza…
Pese a los muchos matices de este caleidoscopio de todas las clases sociales, todos coinciden en que la prohibición de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales durante el día, la conmemoración de la noche en la que el profeta Mahoma recibió la revelación del Corán, es un sacrificio destinado a la superación personal. Pasar hambre es un modo de purificación y de ponerse en el pellejo de los necesitados. En el noveno mes del calendario musulmán, los fieles de Alá procuran ser más generosos, comprensivos, amistosos… La palabra yihad significa esfuerzo.
Y este sentido compartido está por encima de las diferencias culturales que en estos días puedan hallarse en los hogares de los pakistaníes del Raval, los magrebíes de Santa Coloma o los subsaharianos de Mataró.
A la hora de romper el ayuno, entre los argelinos es tradicional la shorba, una sopa que cada día cambia de ingredientes. Los marroquíes toman la harira, otra sopa elaborada entre otras cosas con carne y fideos, tomate, garbanzos, cilantro, apio, sal, pimienta y harina. Los sirios prefieren el shakriyi, un yogur con carne y especias acompañado de arroz. Y los pakistaníes, las pakoras,verduras pasadas por harina de garbanzo, y las samosas,unas pastas rellenas de patata y verdura.
Para los pakistaníes es común invitar a cenar a amigos y a parientes. De esta manera, el Ramadán trasciende la esfera privada y adquiere un carácter más social. Este año, muchos magrebíes de Catalunya aprovechan las vacaciones para disfrutar en sus países de origen de los primeros días del Ramadán.
Toda religión tiene una dimensión social, pero pocas con la fuerza del islam. Tras la creencia de que uno obtiene una misericordia mayor si reza en comunidad se encuentra un mecanismo de fortalecimiento de la comunidad. Reunirse prácticamente a diario permite saber quién está enfermo, quién perdió el trabajo, quién tiene problemas…
De ahí la importancia de las mezquitas y la insistencia de entidades musulmanas en abrir cuantas más mejor, entendiéndolas como equipamientos de barrio.
Según el último recuento de la Generalitat, ahora en revisión, Catalunya tiene desde el 2007 169 oratorios musulmanes, principalmente en Barcelona y su priConsell Municipal d´Immigració de Barcelona, el organismo consultivo en esta materia. “Muchas aquí viven en un pequeño mundo – añade-,aisladas, bajo la voluntad de sus esposos. Una mujer inteligente es la que confía ciegamente en su marido”.
Las jóvenes se casan en Asia con hombres elegidos por sus padres, sigue Huma. Luego el esposo emigra en busca de fortuna. La pareja apenas se conoce. Allí se entiende que el amor puro nace de la convivencia. Si uno quiere a una persona con la que no está casada, puede tener pensamientos impuros. Una vez que el locutorio o el restaurante funcionan, al cabo de unos años, el hombre trae a su mujer. “Las mujeres llegan a un mundo desconocido y desconcertante donde se hablan unos idiomas que no entienden. Su papel es atender la casa y salir de ella lo imprescindible. A sus maridos no les gusta que otros hombres las vean. Piensan que pueden excitarse con ellas. Se tornan mujeres invisibles. Ni Anaya ni Eman ni Nurmughad serán abogadas, periodistas o peluqueras. Sus familias las dejan venir a nuestra asociación porque trabajan como voluntarias. Creen que así podrán reagrupar a los futuros maridos. La mayoría ya está comprometida con un primo. Trabajamos para que sus hijas tengan un poco de libertad”.
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