La inmigración mitiga el desplome que registran los matrimonios desde 2000

El Correo, BERNAR PELÁEZ, 17-08-2009

Los inmigrantes han evitado que el descenso de la tasa de nupcialidad que registra España desde 2000 se convierta en una caída libre. De las 196.613 parejas que dieron el ‘sí quiero’ el año pasado – 7.084 menos que el anterior – , 35.905 contaban con algún miembro extranjero. Es decir, el 18,2% de los enlaces fueron ‘internacionales’.

Aunque las cifras reflejan una progresiva bajada de los casamientos, sin las personas procedentes de otros países el retroceso sería mucho mayor. Según un estudio realizado por el Instituto de Política Familiar, en 2007 se produjeron 16.836 bodas menos que en 1990, una cifra que se elevaría a 42.500 si no fuera por los ciudadanos foráneos, que apuestan más por los matrimonios que los nacidos en España. Los datos reflejan que si en 2000 fueron 216.451 las parejas que contrajeron nupcias, en 2008 hubo 19.838 menos. O lo que es lo mismo, en ese periodo se produjo un descenso del 9,1%.

Y es que las estadísticas hablan por sí solas, sobre todo si se analizan los matrimonios entre españoles. Frente a los 204.657 que se celebraron en el año 2000, en el ejercicio pasado fueron 147.936. Esta tendencia a la baja contrasta con el incremento continuo de enlaces entre inmigrantes – de 1.493 a 8.085 – , y la más que espectacular subida de parejas mixtas (español y extranjera, o viceversa), al pasar de 10.301 a 40.592.

A pesar de todo, el número de personas casadas por cada mil habitantes también ha bajado. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en los nueve últimos años la cifra de matrimonios por millar de ciudadanos se ha reducido en un 4,23%, la mayor caída que se registra desde 1975.

En contraposición a la media española, en el País Vasco no hay un descenso progresivo. Las estadísticas muestran un cierto vaivén en los últimos diez años. Así como en 2006 y 2007 la tasa de nupcialidad descendió hasta el 4,25 por mil – apenas 2 décimas mayor que la media nacional – , el año pasado se produjo un repunte y se situó en un 4,36, confirmando a Euskadi como una de las pocas comunidades autónomas en la que los enlaces aumentaron – 9.451 en 2008 frente a los 9.154 del ejercicio anterior – .

El incremento del colectivo inmigrante ha puesto su granito de arena. El enorme crecimiento anual de este fenómeno ha hecho que en España estén ya censados casi 5 millones y medio de ciudadanos de otros países, de origen europeo y americano en su gran mayoría. Además, las previsiones indican que para diciembre pueden alcanzar los 6 millones.

Respecto al País Vasco, el padrón contaba el pasado año con casi 40.000 jóvenes extranjeros en edad casadera, de los cuales el 49% tenía entre 25 y 29 años. De tal manera que el número de residentes procedentes de otros países ha crecido un 73% desde 2001 y la población inmigrante representa ya el 11,2% de jóvenes vascos.

Banquetes ‘distintos’

Cuando se habla de bodas, más que la ceremonia en sí, la gran mayoría recuerda el festín posterior: el menú del banquete, la decoración y enclave del lugar y, por supuesto, el salón de baile en el que un ‘par de copas’ dejan de lado la vergüenza o el ridículo. Pero, ¿cómo lo celebran aquellas personas de otra cultura o cuya confesión no es la tradicionalmente católica española? ¿Cómo son las fiestas de los extranjeros? Cada vez más los restaurantes son testigos de bodas rumanas, colombianas, africanas y chinas.

El menú y los gustos de los comensales inmigrantes no distan mucho de los de los vascos. Sin embargo, sí añaden tradiciones de sus lugares y culturas que nunca pueden faltar en sus festejos. «No les dejamos que modifiquen demasiado la carta pero sí que traigan algún producto típico de su país», explica José Ángel Reyero, director de comedor de la Casa Vasca de Bilbao.

Por ejemplo, en la mesa de una boda rumana no puede faltar nunca el ‘sarmale’, plato que consiste en un rollito de berza relleno de carne picada, arroz y cebolla. «Es como para nosotros los langostinos en Navidad», añade Reyero. En el caso de banquetes africanos, ellos mismos traen preparado desde casa un picante fortísimo con el que condimentan todas las comidas. Por el contrario, las familias colombianas y chinas no suelen tener algo realmente especial en sus menús.

Otro mundo a parte son los ‘ritos’, la música y los bailes. Los comensales del Este ponen su melodía regional ‘Manele’, que mezcla estilos árabe y gitano. Los sudamericanos se mueven al son de los ritmos caribeños y los africanos, vestidos con sus llamativos y coloridos trajes, se contonean acompañados de tambores y temas donde la percusión resulta vital.

Aunque sin lugar a dudas la palma se la llevan los orientales. La tradición manda que los novios vayan mesa por mesa tomando un chupito de su típico licor chino. «Cuando acaba todo salen arrastras, se los tienen que llevar en brazos». Pero lo que no deja de sorprender es que, entre plato y plato, echen partidas de cartas o gasten dinero en las tragaperras. «Apenas suelen bailar. Lo que sí les encanta es el juego. Antes de que los novios corten la tarta acuden en grupos de diez al bingo».

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