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Una semana de música y furia a orillas del Danubio

El Mundo, JOSÉ MANUEL GÓMEZ. ESPECIAL PARA EL MUNDO, 17-08-2009

La Fura dels Baus protagoniza el Sziget, un gigantesco programa de rock, sonidos étnicos y electrónica que atrajo a 400.000 personas El Sziget, el festival más grande del planeta (400.000 personas, 50 escenarios y 100 conciertos diarios durante una semana) finalizó ayer en Budapest. Se celebra en una isla del Danubio y todo es a lo grande.


Será porque los húngaros tienen cierto complejo de segundones históricos, de haber estado siempre a la sombra de un gigante o de un villano. Y así, desde que Gengis Khan arrasó su hoy espléndida capital. Dicho esto, uno se enfrenta a un concierto de Lily Allen con la misma mirada con la que las vacas contemplan a los trenes. Dejémoslo en que la chica no destaca en nada excepto en los fans.


Era la noche del miércoles y lo mejor era ir sobre seguro con The beat of the forest de la Fura dels Baus, un espectáculo creado para el festival. «Nos enseñaron la isla y elegimos un espacio rodeado de árboles, luego nos fuimos a ver a los Sex Pistols», explica Miki Espuma, director del montaje y uno de los fundadores del grupo.


En su show, una atmósfera inquietante da paso a un ritual procesional que converge en una torre de 10 metros desde la que canta Ezter Biro. Lo hace en directo y en una afinadísima onda gótica que recuerda a Mónica Naranjo. «Es muy conocida en Hungría», nos chiva. «Como Ana Belén en España». Una rueda descomunal da vueltas suspendida del cielo con fureros por todas partes. La escena tiene el subyugante aire de El jardín de las delicias de El Bosco, en versión mecanicista. La cosa concluye con el baile de 54 alpinistas sobre las cabezas de los alucinados espectadores. «No les da miedo la altura, lo suyo es miedo escénico, al público», confiesa Espuma. Con sus siete funciones, la Fura se convirtió en el grupo más admirado del festival.


El jueves, a las 15.00 horas, Miss Platnum se encargó de despertar a la parroquia. Give me the food es su grito de guerra. La canción es el mejor r’n’b de la temporada, igual que la vocalista rumana es un monumento contra la anorexia formidable. A la Platnum y sus dos vocalistas negras les sale bordado un gracioso mutis dando saltitos. Detrás suya estaba la banda, una fanfarria balcánica que suena más moderna que la Ciocarlia y es tan falsa y tan eficaz como los combos de Shantel, Kusturica o Bregovic. El trompetista hacía unos solos muy macarras y muy calós con una mano en la trompeta y la otra, marcando paquete.


Mientras, al otro lado de la isla, el grupo 08001 cumplía con la tarea de levantar de la siesta a esa zona del festival. Tienen canciones que recuerdan a Massive Attack, pero también tienen cinco vocalistas de lujo. Un gnaua de Marrakech; una chica ombliguera de bailar sinuoso y urbano; un cantante rai; y una flamenca vestida como de boda. Guapa, joven, gitana, con las caderas y la garganta rebosantes de vida.


El último cantante es un caribeño que reduce una de Marley a la expresión dub. A estas alturas, los escuchaban 1.500 personas. Entre ellas, una española que nos abordó y nos contó que le han robado la mochila. «No me han hecho mucho caso al poner la denuncia».


De vuelta al downtown, procedía una visita a la carpa (donde los portugueses Blasted Mechanism exhibían sus disfraces) y al show de Bloc Party. Hasta que avisaron de una reunión de gitanos llamados Eletek Eneke que se presentan como «el Buenavista de los Balcanes». Y sí, sonaron deliciosamente bajito los 12 gitanos reunidos, que calientan el escenario a los verdaderos miembros del Buenavista. Con Barbarito Torres y Amadito Valdés. El aforo se rebosó.


Fatboy Slim también concentró a una multitud, humeante y desmadrada. Entre la maraña se distinguían dos pantallas con imágenes: ahora chicas, después Iggy Pop… El break beat no lo es tanto con el bombo alimentando a las masas en éxtasis. Al día siguiente, The Prodigy repitieron jugada. Más humo que nueces.


El viernes fue intenso con Haydamaky, punk balcánico, fuerte y duro. Los italianos Figli di Madre Ignota mezclaron más los sonidos balcánicos con ska. Los australianos Jet presumieron de su hit. Y en la carpa gitana, Kanizsa Csillagai demostraron que existe el swing zíngaro.


La Trova Kung Fu soportó el peor sonido del festival y la gente, que no es sorda, se fue a otro lado. Las dos grandes opciones eran Prodigy y Amadou & Mariam. Mejor buscar a los de Mali. Soberbios, aunque minoritarios.


Muchachito recuperó el orgullo rumbero con el Harlem nocturne. Anunció un par de canciones lentas para gente enamorada que aceleró hasta tocar La mala vida. Al día siguiente seguía su juerga en el aeropuerto.

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