OBITUARIO / VALERIO LAZAROV
El genio alborotador de la televisión
El Mundo, , 12-08-2009En agosto de 1968, la televisión en España era en blanco y negro, en todos los sentidos. Faltaban aún meses para que se adoptara el sistema que permitía las emisiones en color. Pero, sobre todo, el ingenio de los profesionales que trabajaban en el medio se topaba de bruces a diario con las cortapisas de la censura. Sin embargo, a Valerio Lazarov, la TVE que pisó entonces por primera vez le pareció un paraíso en el que podía dar rienda suelta a su torrente de ideas, con una sensación de libertad que ignoraba que existiese.
Le bastaron un puñado de años y unos cuantos programas, premiados en los más importantes festivales internacionales, para convencerse de que había transformado la televisión en nuestro país. Sin embargo, eso no fue suficiente para Valerio Lazarov – fallecido ayer en Madrid a los 73 años – , que siguió reinventando la pequeña pantalla tantas veces como se reinventó a sí mismo.
Nació en Birlad (Rumanía) en 1935. Sus padres eran inmigrantes de origen ruso. De su infancia, el midas catódico no guardaba buen recuerdo. En su casa se pasaban apuros económicos y él, como todos los chavales rumanos, tuvo que afiliarse a las juventudes comunistas, pese a sentirse como un bicho raro.
El 18 de junio de 1957, Lazarov era uno de los únicos cuatro alumnos que recibían el diploma de fin de carrera en la Escuela Estatal de Cinematografía de Bucarest. La razón de que fueran tan pocos es que habían decidido especializarse en Televisión cuando ésta prácticamente no existía en el país. Eran tiempos muy grises en Rumanía, de gran miseria y con todas las esferas públicas dominadas por el Partido Comunista. Lazarov siempre tuvo un peculiarísimo sentido del humor, y ello le ayudó a sobrellevar los episodios surrealistas que le tocó protagonizar mientras daba sus primeros pasos como realizador. Por ejemplo, las ocasiones en las que llegaba al control el comisario político de turno y le exigía que hiciera desaparecer de los discursos de Ceaucescu los gestos que hacía con la mano, porque el dictador la movía «en exceso».
La televisión en Rumanía en los años 60 estaba muy atrasada. Todo se emitía en directo, y en la sala de control el director siempre estaba al quite para cortar la emisión si sucedía algo inapropiado. Aun así, Lazarov enseguida pudo demostrar su talento, y en 1966, salió de su país, por primera vez, para recoger un premio por uno de sus trabajos en el prestigioso Festival de Montecarlo. Allí le causó un gran impacto la realidad occidental. Y, además, conoció a personas que cambiarían su vida, como Juan José Rosón, secretario general de TVE, que le ofreció trabajo. De regreso a Bucarest, Lazarov fue con las nuevas a sus superiores. La respuesta fue tajante: «¿Cómo vas a trabajar para un asesino como Franco?». Y así se zanjó el asunto.
Durante dos años. Hasta que en 1968 se dio la oportunidad para que viajara a Madrid, tras resultar elegido para realizar un programa de colaboración entre España y Rumanía. Lazarov llegó sin saber una palabra de español. Pero se quedó inmediatamente prendado de un país donde, pese a haber dictadura, no estaba prohibida la música anglosajona – como ocurría en Rumanía – .
En un tiempo récord, Lazarov se convirtió en el realizador más popular de TVE por las innovaciones técnicas que introdujo. Nada de lo que hacía pasaba desapercibido, y, eso sí, cosechaba tantas adhesiones como críticas. De hecho, en la dirección de la cadena llovían las llamadas exigiendo su expulsión. Ajeno al revuelo, él, sobrado de imaginación y talento, estaba empeñado en cambiar las reglas apolilladas de la tele por un estilo rompedor y vanguardista.
El programa que le catapultó al éxito fue El Irreal Madrid (1969), un espacio musical, cargado de ironía, sobre el equipo blanco – paradójicamente, Lazarov no tardaría en convertirse en un ardiente colchonero – . A muchos les pareció irrespetuoso el humor empleado para analizar las pasiones que despertaba el club de fútbol. Después vendrían La última moda (1969), Pasaporte a Dublín (1970) – precursor de OT, con una victoriosa Karina que nos representó en Eurovisión – , ¡Señoras y Señores! (1973) e innumerables galas musicales, como las de Nochevieja.
Pero el hallazgo que le persiguió hasta el fin de sus días fue el zoom. Aquella innovación, que consistía en alejar y acercar el foco a gran velocidad, mareante y sicodélico, le valió ser bautizado como Míster Zoom.
A principios de los 70, Lazarov se vio obligado a volver a su país. Pero ya no era capaz de soportar el ambiente plomizo de Rumanía. De manera que se las ingenió para regresar a Madrid, donde obtuvo la nacionalidad española. El Gobierno de Bucarest le declaró «traidor a la patria».
Fichado por Berlusconi
Lazarov siguió apretando el zoom con maestría y firmando programas míticos como 360 grados alrededor de… – por el que pasaron desde Carmen Sevilla a Marisol – . Hasta 1979, cuando decidió comenzar su aventura italiana. Primero trabajó en la RAI, pero pronto fue fichado por Silvio Berlusconi como director general de su emporio mediático: Fininvest. En el país transalpino estuvo casi una década, hasta que regresó a España, de la mano del mismo Cavaliere, para ponerse al frente de Telecinco, que nacería en 1990 con el surgimiento de las TV privadas.
Si levantar una cadena de la nada ya es complicado, más lo era que tuviera gran audiencia en poco tiempo. Pero Lazarov lo consiguió. Su acierto fue lograr que todo el mundo hablara de la programación de Telecinco: Vip noche, con Emilio Aragón; Vivan los novios; Su media naranja; La máquina de la verdad… Imposible enumerar todos los espacios que despertaron tanta polémica como share. Y, por encima de todos, Tutti Frutti, aquel cóctel del que salieron las Mamma Chicho, un ballet de exuberantes mujeres que se colaban cada dos por tres por la pantalla amiga para alegrar la vista al respetable. Aquella programación recibió innumerables críticas. Se decía que era machista, de mal gusto, zafia… Años después, Lazarov se defendía: «Si entonces llego a hacer una programación como la que ahora se ve en todas las cadenas, me crucifican».
En 1994 fue destituido como director, pero siguió ligado varios años más a Telecinco como miembro del Consejo de Administración. Su peor trago fue tener que sentarse en el banquillo, imputado por el presunto fraude fiscal de más de 2.000 millones detectado en el canal a finales de la década. Resultó absuelto.
En pleno apogeo de las productoras, el que más sabía de televisión también creó la suya. Y con ella ha sido responsable de algunos de los espacios más vistos de los últimos años: Hostal Royal Manzanares, de Lina Morgan; Tío Wily, con Andrés Pajares; Sorpresa, sorpresa, presentado por Isabel Gemio… Además, en la última década ha sido artífice también de los mayores éxitos de la televisión de su propio país, tras ser recibido como un hijo pródigo.
La televisión fue su oxígeno, pero tampoco sabía vivir sin tener siempre cerca a una mujer. Hasta cinco veces se casó: dos en Rumanía, muy joven; una tercera en 1970, con la cantante Elsa Baeza; la cuarta, en 1978, con la actriz estadounidense Didi Sherman; y, finalmente, con su actual compañera.
Valerio Lazarov, realizador, nació en Birlad (Rumanía) el 20 de diciembre de 1935 y murió en Tres Cantos (Madrid) el 11 de agosto de 2009.
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