El fallecido llevaba varios días amenazado por su presunto asesino
El Mundo, , 11-08-2009La Policía buscaba ayer el coche verde en el que se fugó el agresor del vigilante Madrid
Los disparos se escucharon hacia las seis de la tarde. En el Camino de la Magdalena, la principal vía del poblado de Las Barranquillas, un cuerpo cayó al suelo, acribillado. Era Pedro Pilatuña, el vigilante de la empresa Renta 92. Esta empresa tiene unas naves que se utilizan como guardamuebles en las profundidades del poblado.
Pedro, ecuatoriano, con todos sus papeles en regla y sin ningún antecedente, falleció en el acto. Su asesino, según los testigos, es un hombre de etnia gitana que vivía en las chabolas o que al menos las frecuentaba. Hasta ayer, que se dio a la fuga.
Pedro recibió siete disparos. Tres le dieron en el cuello, uno en la cara, otro en el costado, uno en el omóplato derecho y otro en el brazo, según Emergencias Madrid. Los sanitarios del Samur ya no pudieron salvarle.
Cuando ocurrió el suceso, Pedro terminaba su turno y se marchaba a casa. Su cuñado le iba a sustituir, pero cuando entraba al poblado oyó los tiros y llamó al hijo de Pedro. El joven avisó a su vez a la Policía Municipal.
Poco después, todo el camino del poblado estaba tomado por agentes de Homicidios, de Policía Científica, de la comisaría y de las Unidades de Intervención Policial, que acordonaron la zona y comenzaron a recoger pruebas.
Al lugar del crimen llegaron los empleados de Renta 92, que explicaron a EL MUNDO que «Pedro era muy buena persona, muy educado y nunca había tenido problemas con nadie, después de casi 10 años trabajando en Las Barranquillas». Según fuentes del caso, el vigilante llevaba varios días amenazado por su agresor, y se está investigando la posibilidad de un problema personal entre ambos, pero no relacionado con las drogas, sino asuntos sentimentales.
El agresor disparó desde su coche, un Hyundai de color verde, y después se dio a la fuga en dirección al Pozo del Huevo, es decir, no salió por el camino típico del poblado, que conduce junto a Mercamadrid y la M – 40.
Los familiares de Pedro también se desplazaron al poblado para prestar declaración ante los agentes y la comisión judicial. El Juzgado de Instrucción número 6, en funciones de guardia de diligencias, se encargado del caso, que investiga el grupo X de Homicidios.
El hijo de Pedro y su mujer pidieron a este periódico que «las autoridades hagan algo con el poblado para evitar que pasen más cosas como ésta». Ambos lloraban mucho por la pérdida de Pedro, que es más injusta, si cabe, teniendo en cuenta que se pensaba jubilar el año que viene.
El hombre llevaba ocho o 10 años vigilando esa nave y había visto cómo la zona pasó de ser una parte más de las afueras al mayor supermercado de la droga de España. Desde hace dos o tres años el poblado está en declive y los toxicómanos, las chabolas de traficantes y la delincuencia han disminuido mucho, pero aun así se topó con la muerte.
Pedro y sus compañeros habían tenido muchos problemas antaño con los narcos, que a menudo querían extorsionarles o entrar a robar en la nave, y por eso llamaban muy a menudo a la Policía.
Pedro Pilatuña, pese a esos problemas, no era dado a buscar enfrentamientos ni peleas. Era muy educado, como decían sus compañeros: «Llamaba a todos de usted, agachaba la mirada cuando le hablabas, tenía mucho respeto por todo el mundo».
La Policía buscaba ayer al asesino del vigilante que, si aún estuviera vivo, trabajaría unos meses más y se habría retirado. Estaba en trámites de traer a su mujer de Ecuador, tenía aquí a parte de su familia, había estado ahorrando para mandar dinero a su país y llevar una vida mejor… Pero ya da igual.
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