los retos de la integración

«Del poblado ya ni me acuerdo»

El Ayuntamiento de A Coruña inició hace casi un año el desalojo de los chabolistas de Penamoa. Algunos han logrado adaptarse sin problema en su nuevo barrio

La Voz de Galicia, E. Silveira , 10-08-2009

No es fácil vivir en una chabola. Y mucho menos si antes has vivido en un piso. Cuesta adaptarse y aprender nuevos hábitos, buscar soluciones para nuevas necesidades. Es el caso de Sandra. Es paya y ahora tiene 28 años. Lleva con su marido, que es gitano, desde que eran niños. «Nos conocimos con 13 años», recuerda. Fue a través de amigos comunes, de pandilleo por la calle. Y como con esa edad uno no tiene dónde caerse muerto, para comenzar a vivir juntos decidieron montarse una chabola al lado de la familia de él, en el barrio de Penamoa.

Sandra cuenta que los inicios fueron duros. Por un lado, sus suegros la acogieron «muy bien», como a una hija más, pero al mismo tiempo se abrió un abismo con su familia; «excepto con mi padre», puntualiza. Aunque sigue manteniendo el contacto «con algunos parientes lejanos», sabe que su decisión «no le hizo gracia a nadie». Le cuesta decirlo, pero acaba soltándolo: «Me dieron de lado».

Ahora, para la pareja y sus hijos (tienen una niña de 8 años y un niño de 9 meses) se abre la puerta a una nueva vida. Desde octubre viven en un piso en Arteixo, a escasos kilómetros de A Coruña, por el que pagaban una hipoteca que casi llegaba a los 600 euros al mes. Sandra dice que a ese ritmo no hubieran podido seguir, por eso respira al tener asegurada una ayuda municipal que les reduce el importe de la hipoteca a los 200 euros mensuales. «Y aún así, no podremos ahorrar mucho», explica.

Ellos forman parte del grupo de familias del poblado chabolista de Penamoa que han sido realojadas por el Ayuntamiento coruñés. Decidieron buscar el alojamiento por su cuenta pero, eso sí, no renunciaron a la subvención comprometida por el gobierno municipal. Sandra explica que el día que derribaron su chabola le dio «algo de pena». Pero el tiempo pasa: «Ahora ya ni me acuerdo». Explica que la calidad de vida de su familia ha mejorado el cien por cien tras el traslado al piso. «Yo soy asmática y viviendo en la chabola incluso había cogido neumonía. Ahora lo llevo mucho mejor», explica. Lo peor, recuerda, era tener que buscar leña durante el invierno para la estufa. Aunque los niños nunca pasaron frío, asegura, a veces el viento helado se colaba por las rendijas. Las que no se colaban, y eso lo tenía bien controlado el gato de la casa, eran las ratas. «No entraba ni una». Y, por su puesto, en algo contribuía los maratones de limpieza que Sandra le pegaba a la chabola. «En Penamoa uno vivía como quería. Yo tenía mi casa limpia y bonita, sin basura, y eso contribuía también a que no hubiera ratones», explica.

Sobre cómo pagarán los 200 euros de hipoteca del nuevo piso, Sandra no se muestra excesivamente preocupada: hasta ahora salieron adelante. Su marido, que tiene un año más que ella, dispone de una furgoneta con la que «va haciendo algún trabajo que otro». Y ella, con la esperanza de que le acepten a su bebé en la guardería, ya se plantea empezar a buscar trabajo. «Yo nunca tuve problema, porque soy paya. En algún momento tuve dificultades porque, tras pasar las pruebas de selección, se echaron para atrás al ver en mi DNI que mi domicilio era en Penamoa». Pero ahora lo ve todo más fácil. ¿Y para su marido? «Dudo mucho que él encuentre trabajo, porque es gitano. Incluso una vez le llegaron a preguntar por qué quería trabajar. Nunca da el perfil».

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