Norman, una muerte anunciada
ABC, , 10-08-2009Una mirada retorcida y un cuerpo perturbado por el alcohol son suficientes para desencadenar la tragedia. De lunes a miércoles la tranquilidad impera en la céntrica calle de Cea Bermúdez. Sin embargo, con la llegada del jueves y el fin de semana la calma y el sosiego dan paso al barullo, los gritos y la trifulca en las inmediaciones del número 21 de la misma calle.
«Llevo varios meses sin dormir, ni los tapones me sirven. Me despiertan los gritos y el tumulto de los que salen borrachos de la discoteca, desde mi ventana veo los líos que se montan. Van hasta arriba del alcohol y encuentran fácilmente un motivo para pelearse», afirma Lucía una vecina del número 15. «Todo estaba tranquilo hasta que pusieron esta discoteca. Ahora, las peleas son constantes y la inseguridad que se está generando en la zona es abismal» denuncia Celia, vecina de la avenida de la Islas Filipinas.
En el número 21 de Cea Bermúdez se aloja la pesadilla de los que residen a tan sólo unos pasos de ella; la discoteca de ambiente latino Aqua Barra. Sí, ésa que le permitió al ecuatoriano, Norman Rodrigo echar sus últimos bailes al son del «reggaeton». Tan sólo minutos después, tres puñaladas le arrebatarían la vida. Dos velas, tres rosas rojas y una blanca, cobijadas del viento entre ladrillos, marcan el punto exacto en el que Norman fallecía por defender a su hermana Estefanía a la salida de la discoteca.
Cada jueves a las 23.00 horas, Miguel, un español cercano a la treintena, abre las puertas de la sala y comienzan a llegar los primeros sudamericanos con ansias de fiesta; ellas con ropa ligera, ellos con prendas muy anchas. Dentro, dos pisos, luz tenue, y ritmos tropicales. Son las 02.00 horas del primer viernes tras el infausto suceso. El aforo todavía está medio vacío. Quizá la muerte del ecuatoriano de 21 años no sólo haya consternado a los latinos que frecuentan esta sala, sino que también les haya infundado el miedo. Miguel es el encargado de Aquabarra, teme que su negocio se vea resentido a a raíz de lo ocurrido. Él conocía a Norman «es una lástima, era muy buena gente. Pero nosotros, no nos podemos hacer cargo de lo que pasa fuera. De hecho cuando cerramos, todos los empleado se van, excepto uno que se queda a hacer caja», explica Miguel.
Sorprendentemente, la muerte del joven militar no desconcierta a los habituales en la zona. «Se veía de lejos lo que iba a pasar. Vienen armados con navajas o cadenas predispuestos a la pelea. A las 05.45 horas, cuando la discoteca echa el cierre, empieza «la fiesta» en la calle. Ya presencié otro apuñalamiento pero nadie murió». Éste es el relato de un dependiente de la gasolinera Repsol que se encuentra en la esquina de Cea Bermúdez con Galileo, justo en frente del local.
A tan sólo unos pasos de Aqua Barra, la tienda de alimentación Open 25 se convierte en lugar de paso para decenas de jóvenes que prefieren combatir su embriaguez con algo de comida antes de dormir, o simplemente, para reponer fuerzas tras la juerga. «Desde aquí veo las peleas que se forman fuera cada madrugada. De vez en cuando se llevan algo sin pagar. El pasado domingo recuerdo haberle vendido un sándwich al chico que asesinaron», comenta una dependienta del establecimiento.
Al tiempo que salen los primeros rayos de sol, el barrio recobra la tranquilidad. Aún falta mucho para que llegue el próximo jueves.
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