Los indígenas aumentan su influencia en los gobiernos de Latinoamérica
El Mundo, , 10-08-2009Correa toma posesión en una ceremonia que refleja el auge de los pueblos nativos Por las venas de Rafael Correa fluye algo de sangre indígena, muy diluida en la de sus ancestros españoles. Cualquiera que sea la proporción, el reelecto presidente de Ecuador quiso celebrar la toma de posesión de su segundo mandato, a los pies del imponente volcán Cambaye.
Allí, el economista de 46 años prestó juramento ante los caciques e invocó a los espíritus de los Andes para que le ayuden a gobernar con acierto hasta 2013. En el acto simbólico estuvieron presentes su par boliviano, Evo Morales, y la líder y Premio Nobel guatemalteca Rigoberta Menchú. La ceremonia convencional se realizará hoy, lunes, en la sede del Congreso en Quito.
Se piensa que fue Evo Morales quien impuso la moda de celebrar el ascenso a la Presidencia dando las gracias a la Pachamama (Madre Tierra) y a los apus, (divinidades andinas). Grueso error. El invento es de Alejandro Toledo, el ex presidente de Perú, que juró su cargo cerca de Machu Pichu y que eligió las ruinas de Cuzco para conceder la ciudadanía peruana a su esposa Eliane Karp, una antropóloga belga de origen judío. Curiosamente, la mujer de Correa, Anne Malherbe es otra belga aficionada al folclore andino.
¿Por qué adoptar los ritos de una religión que no profesan? En primer término debido a que la televisión transmite mejores imágenes desde la cordillera que desde los oscuros salones del Poder Legislativo. Pero de mayor trascendencia es el papel que desempeñan los movimientos indígenas a lo largo y ancho de Sudamérica desde principios de los años 60, cuando comenzaron a reclamar sus derechos sobre las tierras usurpadas por los huinca (los españoles).
Más allá de los simbolismos, Rafael Correa comprende que sin el apoyo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CNIE) su gestión transcurriría en medio de un continuo sobresalto. Y el mismo principio es válido para los gobernantes de los países vecinos.
Bolivia es el primer país sudamericano donde de la mano de un mestizo, Evo Morales, los indígenas – sobre todo los quechuas y aymaras – ascienden en la escala social. La semana pasada, el presidente firmó un decreto que pone en marcha la autonomía de los pueblos originarios. Nadie sabe adónde puede conducir este proceso, que amparado en la nueva Constitución, concede a los de piel cobriza el derecho a regirse por las leyes de sus antepasados y a gobernar los pueblos donde constituyen mayoría.
Los detractores advierten que por este camino Bolivia avanza hacia su propia desintegración, puesto que los fueros obtenidos por indígenas se suman al creciente separatismo de los blancos en las provincias orientales.
Otro país donde las etnias precolombinas han ido ganando terreno, en el sentido literal de la palabra, es Brasil. Hace tres meses, el Tribunal Supremo Federal (TSF) concedió a cuatro comunidades indígenas, el título de «custodios» de Raposa Terra do Sol, una reserva de 1.700.000 hectáreas, ubicada en el estado norteño de Roraima. El fallo, auspiciado por el presidente Lula, convierte a los macuxis, uapixanas, ingaricós y taurepangues en propietarios de facto de un territorio equivalente a la mitad de Bélgica, rico en minerales y maderas preciosas. La decisión de TSF sentó un precedente de incalculables proyecciones geopolíticas, pues dentro de los límites del coloso sudamericano existen 600 reservas que albergan a 227 comunidades nativas.
De los indígenas chilenos – los mapuches – se habla poco, aunque en la última década los más beligerantes hayan quemado 20.000 hectáreas de bosque de los aserraderos que operan al sur del país. El censo de 2002 registró a 604.340 mapuches habitando al oeste de la cordillera de los Andes. Las ONG estiman que son más de 800.000.
Bajo la dictadura militar, los jóvenes de la comunidad crearon una organización clandestina – Ad Mapu – que hasta hoy reclama vastas extensiones al sur del río Bio – Bio y el reconocimiento de su lengua y cultura. La restitución de la democracia no trajo la paz. El actual ministro chileno del Interior, Edmundo Pérez, cree que los dirigentes de la Coordinadora Mapuche Arauco Malleco (CAM) han sido adiestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
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